Israel y Hezbolá se enfrentaron en un nuevo intercambio de fuego el martes, a pesar de que delegados de ambos países se estaban reuniendo en Washington para discutir posibles caminos hacia la paz. Las tensiones aumentan en medio de acusaciones de Estados Unidos, que ha señalado a Hezbolá como el “único obstáculo” para alcanzar un acuerdo entre Israel y Líbano. Marco Rubio, jefe de la diplomacia estadounidense, destacó la responsabilidad del grupo proiraní en el conflicto.
Este encuentro en el Departamento de Estado marca la cuarta ronda de negociaciones desde que estalló la guerra hace tres meses. Aunque Rubio no estaba presente en las reuniones, se espera que el diálogo avance hacia la búsqueda de soluciones.
El presidente Donald Trump afirmó recientemente que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, había garantizado que no enviaría tropas a Beirut y que Hezbolá suspendería sus ataques. Sin embargo, Netanyahu contradijo esta postura afirmando que Israel atacará constantemente a los “objetivos terroristas” en Beirut si Hezbolá no se detiene. En esa misma línea, el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, insistió en que Estados Unidos avala esta posición.
El Ejército israelí intensificó sus acciones el martes, atacando múltiples localidades mientras Hezbolá afirmaba haber llevado a cabo varios ataques contra fuerzas israelíes del sur del Líbano. Netanyahu subrayó que las operaciones en el sur de Líbano continuarían, con el objetivo de “aplastar” a Hezbolá y proteger el norte de Israel de futuros ataques. Rubio remarcó que la existencia del grupo está profundamente vinculada a Irán, y afirmó la importancia de distinguir entre las negociaciones con Líbano e Irán, algo que Teherán se opone.
A pesar de las crecientes tensiones, Trump aseguró que las conversaciones con Irán para poner fin al conflicto en Oriente Medio seguían “sin interrupción”, aunque existen informes que sugieren que Teherán había suspendido el diálogo en respuesta a los bombardeos israelíes en Líbano. El ataque de Hezbolá a Israel el 2 de marzo marcó un punto crítico en la escalada de violencia, que ha provocado la muerte de 3,468 personas en Líbano, según fuentes del ministerio de Salud libanés, así como al menos 26 soldados israelíes y un contratista civil.
Las amenazas de Netanyahu de bombardear suburbios en el sur de Beirut, citando “violaciones repetidas” del alto el fuego, han exacerbado la situación. En Beirut, muchas tiendas están cerradas y un dron surca el cielo, en una muestra palpable del temor y la tensión que persisten en la región.
El primer ministro libanés, Nawaf Salam, ha señalado que continuar negociando con Israel es “la opción menos costosa” para Líbano. Según un comunicado de la embajada libanesa en Washington, un posible acuerdo incluiría poner fin a los ataques israelíes, seguido por un alto total en los ataques de Hezbolá. El presidente del Parlamento libanés, Nabih Berri, ha asegurado que garantizará el cumplimiento del movimiento proiraní si se llega a un acuerdo de alto el fuego general.
Sin embargo, Hezbolá ha dejado claro que no aceptará un “alto el fuego parcial”, advirtiendo que cualquier agresión israelí en Beirut provocará una respuesta contundente. La situación se mantiene tensa mientras las conversaciones avanzan, dejando en vilo a una región ya en crisis.
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