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Para intuir la altura de la marea ultraderechista o etnonacionalista o posfascista que recorre el espinazo de la geopolítica global vale casi cualquier ciudad de EE UU y casi cualquier país de Europa; en realidad, no haría falta moverse de casi cualquier barrio de Madrid. Pero la Alemania de aquellas noches de los cristales rotos es ideal para medir la fiereza de esa ola, por aquello de las turbadoras rimas de la historia. La historia aparecerá constantemente en una docena de conversaciones entre Berlín, la capital, y Magdeburgo, en el Este, a lo largo de esta crónica. “Vamos a hacer historia”, arranca Steffen Kraus en la milenaria Magdeburgo, capital de Sajonia-Anhalt. Exmilitar de 42 años y edil de Alternativa para Alemania (AfD), su partido tiene serias opciones de gobernar en esa región oriental tras las elecciones de septiembre. Eso supondría un terremoto político cercano al 10 en la escala de Richter: “Eso es hacer historia”, reitera en los medios alemanes Ulrich Siegmund, exvendedor de perfumes reconvertido en estrella de TikTok y en cabeza de cartel de AfD en ese land.
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