Un dron ruso impactó un edificio residencial en Galati, Rumanía, durante la madrugada del 29 de mayo de 2026, generando un incendio y dejando a dos personas levemente heridas. Este incidente ocurrió en un contexto tenso, en medio de una serie de ataques rusos dirigidos a infraestructuras en Ucrania, cercanas a la frontera rumana.
La OTAN ha reaccionado con firmeza ante lo que califica como “imprudencia de Rusia”. Allison Hart, portavoz de la Alianza Atlántica, condenó el ataque, afirmando que el organismo seguirá fortaleciendo sus defensas ante todas las amenazas, incluidos los drones. La situación ha llevado al secretario general de la OTAN, Mark Rutte, a mantenerse en contacto con las autoridades rumanas, quienes convocaron al embajador ruso para ofrecer explicaciones.
El Ministerio de Defensa de Rumania indicó que el dron, al ingresar al espacio aéreo rumano, fue detectado en el sur de Galati antes de estrellarse contra el tejado de un bloque de viviendas, causando una explosión que provocó llamas significativas. A raíz del impacto, se evacuó el edificio afectado.
La presidenta de Moldavia, Maia Sandu, expresó su condena enérgica contra el ataque, solidarizándose con Rumania y reconociendo el peligro que representa Rusia para la región. Desde París, el ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, también denunció el acto irresponsable de Moscú, subrayando que el hecho tuvo como blanco a un país miembro de la Unión Europea y de la OTAN.
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, reiteró que este acto representa una “nueva línea cruzada” en la guerra de agresión rusa, recalibrando las preocupaciones por la seguridad en el territorio de la UE. En su declaración, enfatizó la solidaridad con Rumanía y anotó que el bloque está preparando un nuevo paquete de sanciones contra Rusia, mientras refuerza las medidas de seguridad en su frontera oriental.
Este episodio también coincide con una intensificación de los ataques rusos con drones sobre objetivos civiles e infraestructuras en Ucrania, lo que ha desatado alertas en países bálticos miembros de la OTAN, como Estonia, Letonia y Lituania. La preocupación por posibles incursiones aéreas sobre territorio aliado aumenta, reflejando la tensión desbordante en un conflicto que parece lejos de resolverse.
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