El Mundial de Fútbol no solo convoca a multitudes en los estadios y pantallas de televisión, sino que también tiene un impacto significativo en el ambiente laboral. En particular, los partidos de la Selección Mexicana generan un ambiente cargado de emociones, que se traduce en un efecto notable en el ánimo y concentración de los empleados. La euforia tras una victoria o la frustración después de una derrota se hacen sentir en el entorno de trabajo, afectando a incluso aquellos que no son aficionados al fútbol.
Gestionar esta ola emocional se convierte en un reto para las empresas, cuyo objetivo no es evitarla, sino anticiparse y encontrar formas de manejarla eficientemente. Asumir que la productividad se mantiene constante durante el Mundial es, indudablemente, un error. Las emociones que experimentamos en estos momentos de fervor colectivo alteran nuestro rendimiento y, por ende, los tiempos de recuperación. Tras un encuentro, el cuerpo necesita tiempo para procesar el subidón de adrenalina y centro, generalmente alrededor de 23 minutos, tal como señala Melhina Magaña, cofundadora de Daucon.
Es crucial, por tanto, tener en cuenta el calendario de reuniones. Programar encuentros inmediatamente después de un partido puede ser contraproducente y no propicio para la atención de los colaboradores. En este sentido, las empresas deben comprender la gestión emocional para evitar fricciones innecesarias en el equipo.
Mario Elsner, CEO de Business Game Changers, destaca la importancia de adaptarse a las circunstancias. Post partidos negativos, es preferible no tener reuniones, mientras que, si la Selección Mexicana gana, hay que aprovechar el momento para elevar la moral del equipo. La conexión emocional con el desempeño del equipo nacional es palpable: el resultado de los partidos se traduce en ánimo y productividad en el trabajo.
Las decisiones que las organizaciones tomen ante este contexto emocional son clave. Por lo general, muchas optan por reforzar el control, agravando la situación con más reuniones y supervisión, un enfoque que suele resultar contraproducente. “Imponer una estabilidad artificial cuando el ambiente es dinámico puede ser como echarle gasolina al fuego”, dice un experto. En lugar de eso, los líderes deberían adaptarse a la volatilidad emocional y darse cuenta de que la presencia física no siempre se traduce en compromiso real.
Un enfoque más efectivo se centra en definir reglas claras y eliminar cualquier ambigüedad respecto a las expectativas y el manejo del tiempo. Permitir a los empleados ver los partidos, siempre que esté vinculado a un rendimiento claro y objetivos específicos, puede convertirse en un “salario emocional”. La idea es involucrar a los equipos en esta gestión, promoviendo un ambiente colaborativo que fomente tanto el disfrute del evento como la productividad.
Asimismo, crear experiencias que fomenten la cohesión del equipo, como quinielas o álbumes de futbol, puede ayudar a incrementar la colaboración. Estos momentos pueden ser beneficiosos si impactan positivamente en el ambiente de trabajo.
El Mundial de Fútbol, lejos de ser solo un evento deportivo, es una oportunidad para las empresas de reflexionar sobre cómo las emociones compartidas pueden influir en la dinámica laboral. Las organizaciones que logran gestionar adecuadamente estos momentos, adaptándose a las fluctuaciones del ánimo colectivo, estarán mejor posicionadas para enfrentar el desafío y maximizar tanto el compromiso como la productividad de sus colaboradores.
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