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Los países que formaron parte de la URSS o se hallaron bajo su órbita —y actualmente son miembros de la OTAN—, así como los escandinavos e Islandia, se han aliado para hacer un frente común casi dos meses antes de la cumbre de la Alianza en Ankara (Turquía) para exigir a los miembros un aumento de su aportación en gasto militar y así contrarrestar los berrinches de Estados Unidos. “Necesitamos incrementar la contribución de los aliados europeos a la Alianza y desarrollar conjuntamente una sólida base militar e industrial transatlántica”, afirmó el presidente de Rumania, Nicusor Dan, en el palacio Cotroceni de Bucarest, sede de la Presidencia, al inicio de la cumbre del formato Bucarest 9 (B9) celebrada este miércoles bajo el lema Delivering More for Transalantic Security (Dar más por la seguridad transatlántica”).
“Hemos decidido respetar los compromisos de transformar este dinero en capacidades que haga una alianza mejor preparada ante las amenazas y equilibrar las contribuciones entre los países europeos y Estados Unidos”, incidió Dan en una rueda de prensa conjunta con su homólogo polaco, Karol Nawrocki, y el secretario general de la Alianza, Mark Rutte, al término de la reunión.
Para ello, los tres mandatarios coincidieron en que la denominada OTAN 3.0 propuesta por Washington aúna la voluntad común de los países presentes en la reunión. “Ya estamos en este nuevo modelo de alianza que significa una contribución proporcional”, aseguró el jefe de Estado rumano. Por su parte, Rutte precisó que se trata de “una OTAN más fuerte junto con Estados Unidos tanto en defensa nuclear como convencional, al tiempo que los europeos asumen más responsabilidades”. “Acordamos llegar al 5% [del PIB] de gasto en defensa, algunos lo han superado, otros van en esa dirección, pero tenemos que ser honestos: tenemos nuestras discusiones”, sostuvo el jefe de la Alianza. “Todo el mundo es consciente de la importancia de las relaciones transatlánticas; no existe la OTAN sin Estados Unidos”, aseveró Nawrocki con un timbre de voz contundente. El presidente polaco añadió que Rusia representa la amenaza más seria contra los aliados de la organización a largo plazo: “A pesar de la guerra en Ucrania, la Federación Rusa, desafortunadamente, sigue teniendo la capacidad de desarrollar sus armas aún más”.
En el encuentro participaron líderes y altos funcionarios de Europa oriental y los países bálticos, así como el presidente ucranio, Volodímir Zelenski y la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen. También fueron invitados el presidente Donald Trump y el secretario de Estado de EE UU, Marco Rubio, pero declinaron asistir, en un gesto que preocupa al flanco este al considerar que Washington ha derivado sus prioridades a otras regiones del mundo. La muestra está en que Trump viajó este mismo miércoles a China para reunirse con su homólogo, Xi Jinping, con el propósito de rebajar la tensión comercial e intentar abrir el gigante asiático a las empresas estadounidenses. En representación estadounidense estuvo como observador Thomas G. DiNanno, subsecretario de Estado para Asuntos de Control de Armas y Seguridad Internacional.
Presionar a Rusia
Desde Bucarest, Zelenski pidió a Trump que discutiera el fin de la invasión rusa en su encuentro con el presidente chino. “No estamos renunciando a los esfuerzos diplomáticos y esperamos que la presión sobre Rusia, junto con las negociaciones en diferentes formatos, ayuden a lograr la paz”, señaló Zelenski en su intervención antes de mencionar al gran ausente de la cita: “Estamos en permanente contacto con nuestros socios estadounidenses. Esperamos que la cuestión de poner fin a la guerra de Rusia contra Ucrania también se plantee ahora, mientras el presidente de Estados Unidos está en China”.
Antes, el mandatario ucranio instó a los Veintisiete a ser más autónomos militarmente. “No deberíamos tener miedo de discutir sobre unas capacidades militares europeas más unidas y, en algunas áreas, más autosuficientes. Europa no puede depender de que cambien los estados de ánimo geopolíticos”, recalcó. “Hay que demostrar que la OTAN es fuerte y no se va desintegrar”, prosiguió. Preguntado por los medios si la guerra está cerca del final, dijo que así lo espera.
Los líderes que asistieron a la cumbre del B9 —que se creó en 2015 por iniciativa de Rumania y Polonia, tras la anexión ilegal de la península ucrania de Crimea por Rusia— firmaron una declaración conjunta para hacer un frente común de cara a la cumbre de la OTAN en Ankara. El único país que no estampó su firma en el documento fue Hungría. Según las explicaciones proporcionadas por Cotroceni, esta posición se adoptó porque Budapest acaba de estrenar Gobierno tras las elecciones de abril que acabaron con 16 años de hegemonía de Viktor Orbán. “La abstención es constructiva” y se trata de “un paso adelante respecto de la posición anterior de Hungría, que era de rechazo”, precisó la Presidencia rumana.
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