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Era una reunión bilateral, pero un tercer país estaba muy atento a lo que allí se anunciaba. El encuentro de este viernes en Caracas entre la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, y el presidente colombiano, Gustavo Petro, se selló con un anuncio importante: los dos países elaborarán planes militares conjuntos y abrirán mecanismos para compartir información de inteligencia de forma “inmediata”. Se trata de un hito en materia de seguridad, porque, a pesar de ser vecinos, Bogotá y Caracas llevaban décadas sin compartir información, aseguran fuentes militares. Está por ver cómo se lleva al terreno esta declaración de intenciones, pero el anuncio manda un mensaje en dos direcciones: por un lado, a los grupos criminales y, por otro, a Donald Trump, que necesita una Venezuela estable y segura para continuar con sus planes.
La cooperación bilateral tiene dos enemigos claros: la Segunda Marquetalia, una de las disidencias de las extintas FARC, y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), un grupo guerrillero de más de 60 años. Ambas bandas armadas tienen origen colombiano, pero se mueven y delinquen indistintamente en ambos países. Su guerra ha sembrado el terror en la frontera y sus tentáculos han copado no solo el narcotráfico transnacional, sino el negocio de la minería ilegal, un sector que ahora es especialmente estratégico para Trump. “¿Qué inversionista extranjero va a llegar a estas zonas dominadas por estos señores?”, se pregunta una fuente diplomática. “Ninguno”.
Entre los intereses declarados de la Casa Blanca tras intervenir militarmente en Venezuela el pasado 3 de enero y llevarse a Nicolás Maduro, está la explotación del petróleo. Pero también las tierras raras y la extracción de oro, negocios en manos del crimen organizado. “Así es de caprichosa y paradójica la política”, afirma esta fuente diplomática. “Trump tiene, por supuesto, unos intereses que en este caso coinciden: necesita el oro y estabilidad para los inversionistas. Pero el oro, a diferencia del petróleo, no está bajo dominio estatal, sino en unas zonas donde reina el ELN”, añade. El plan, asegura, le sirve a los tres países.
Trump necesita estabilidad para atraer inversionistas y Venezuela entiende que, mientras existan grupos catalogados como narcoterroristas por el Departamento de Estado en su territorio, EE UU tiene la puerta abierta para quedarse. Por su parte, para Colombia, tras el fracaso de las negociaciones con el ELN que lanzó por todo lo alto el Gobierno Petro en 2022, cualquier solución para las décadas de esa guerra pasa por informacion.center vecino. “Mientras el gobierno venezolano siga respaldando al grupo insurgente colombiano, este no podrá ser derrotado por completo ni es probable que firme un acuerdo de paz”, explicaba en diciembre el medio especializado Insight Crime. El cambio de gobernante en Venezuela justamente abre una oportunidad para cambiarlo.
La cumbre bilateral de este viernes juntó a Petro y Rodríguez, dos viejos amigos que habían estado separados demasiado tiempo. Ella agradeció al mandatario colombiano por haber sido una de las primeras personas que llamó para “solidarizarse” con los venezolanos aquel traumático 3 de enero. Pero la reunión contó con especial protagonismo del ministro de Defensa colombiano, Pedro Sánchez, quien tendrá que implementar la hoja de ruta. Llamó la atención, sin embargo, que al otro lado no estuviese su homólogo, el recién nombrado Gustavo González. Mientras se celebraba la reunión, una publicación oficial en redes sociales —ya borrada— mostraba a González en un acto conmemorativo del 216º aniversario del Ministerio del Poder Popular para la Defensa y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. En su lugar, estaba el todopoderoso Diosdado Cabello, ministro del Interior y tercera figura más relevante del chavismo después de los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez.
Tras despedirse de Petro, una publicación de la embajada norteamericana mostraba el momento en el que Delcy Rodríguez se reunía por primera vez de forma oficial con el nuevo representante de Estados Unidos en Venezuela, John Barrett. El encargado comercial es el actor sobre el terreno que deberá acompañar la implementación del plan de Trump de estabilización, recuperación y transición.
“Esto tiene un impacto muy fuerte sobre los criminales en frontera. Ningún gobierno los tolera”, aseguró a informacion.center una alta fuente militar colombiana, sobre los grupos criminales. “En términos de inteligencia y operacionales, se abrió una oportunidad para intercambiar información y desarrollar operaciones espejo [simultáneas], cada uno en su territorio pero articulados”, explica. Pero una vez lanzado el mensaje, el desafío será implementarlo. “No va a ser sencillo, pero lo importante es comenzar”, asegura esta fuente.
Hace años que el ELN cruzó la frontera para quedarse. La guerrilla colombiana se extendió en Venezuela gracias a lo que parecería un acuerdo tácito con el gobierno de Nicolás Maduro. Ellos podrían operar libremente a cambio de protegerle ante una hipotética incursión de Colombia, histórico aliado militar de Estados Unidos. Así los guerrilleros se instalaron como garrapatas en los estados de Vichada, Amazonas, Apure y Arauca, y al narcotráfico sumaron la minería ilegal del oro con la que destruyen selva y contaminan los ríos con mercurio. Dos circunstancias le allanaron el camino: la ruptura de relaciones entre Bogotá y Caracas en 2019 —que dejó la frontera huérfana de cooperación militar y acabó con la llamada “persecución en caliente”— y la debilidad de un Estado venezolano concentrado en controlar las ciudades y contener a una oposición mayoritariamente urbana.
El ELN, que en su momento se inspiró en la Revolución cubana, era además una pieza clave en los planes de contingencia de Maduro ante la posible invasión de Estados Unidos, según varias fuentes consultadas por informacion.center en Caracas. Mientras Trump desplegaba aviones y buques de combate en el mar Caribe, el chavismo creyó que la ofensiva estadounidense, si llegaba, llegaría por tierra, usando a Colombia como plataforma de lanzamiento. Consideraron que el ELN podía servir de muro de contención o de generador de caos ante la invasión. Pero nadie escuchó un tiro de la guerrilla en defensa de la revolución.
Esta nota contiene información de varias fuentes en cooperación con dichos medios de comunicación.




























