Para muchas personas, poseer un departamento representa un símbolo de estabilidad y un patrimonio construido tras años de esfuerzo. Sin embargo, un paso extremadamente importante a menudo se deja de lado: la escrituración de la propiedad. Este trámite, aunque pueda parecer un mero requisito administrativo —a veces costoso o fácilmente postergable—, transforma por completo la relación legal con la vivienda.
La falta de escrituración es un fenómeno más común de lo que muchos creen. En algunos edificios, menos del 20% de los residentes han formalizado su propiedad mediante escrituras, lo que complica la regularización de los propios condominios. Según Mara Cavazos, presidenta de la Red de Profesionales en Administración de Condominios, muchos propietarios eligen no escriturar debido a los altos costos asociados, que pueden superar los 100,000 pesos para departamentos pequeños. Para muchos, este gasto resulta disuasorio.
En la vida cotidiana, pocas personas cuestionan si cuentan o no con la escritura, ya que viven en el lugar, pagan servicios y participan en la vida comunitaria del edificio. Sin embargo, desde un punto de vista legal, la diferencia es significativa. La escritura es el único documento que respaldará legalmente la propiedad; sin ella, no existe forma válida de demostrar que un inmueble pertenece a alguien, incluso si se tiene un contrato de compraventa o años de ocupación.
El problema se vuelve evidente generalmente en momentos críticos, como al intentar vender o heredar el inmueble. Sin la escritura, no se puede formalizar la transacción, y muchas veces eso requiere recurrir al propietario original, lo que complica aún más la situación si el propietario ya no está disponible. La complicación crece si hay un deseo de transmitir el patrimonio a herederos, ya que la falta de título de propiedad puede traer serias complicaciones.
La situación también adquiere relevancia en circunstancias extraordinarias, como sismos o daños estructurales. Sin una escritura, no solo es difícil acceder a apoyos, sino que también puede afectar la capacidad de participar en procesos de reconstrucción. Hubo casos tras los sismos en la Ciudad de México donde personas quedaron sin nada porque no podían demostrar su propiedad.
El costo sigue siendo el obstáculo principal. La escrituración implica avalúos, impuestos y derechos notariales que pueden generar una carga económica considerable, llevando a muchas personas a postergar el trámite durante años. Además, la práctica de adquirir inmuebles a través de contratos privados que no se formalizan ante notario exacerba la falta de certeza jurídica, prolongando la indefinición legal.
Proceder con la escrituración no solo es fundamental para dar certeza jurídica a la propiedad, sino también para formalizar la transmisión del inmueble. Este procedimiento incluye una serie de pasos: verificación de la propiedad y del vendedor, revisión de adeudos como predial y agua, elaboración de la escritura pública, pago de impuestos y derechos, y su posterior inscripción en el Registro Público de la Propiedad.
A pesar de que existen alternativas para facilitar este proceso —como organizarse entre vecinos o buscar esquemas de apoyo—, los especialistas coinciden en que escriturar es indispensable para consolidar el patrimonio. La propiedad es, sin duda, uno de los activos más valiosos de una persona; dejar de lado la escrituración podría acarrear pérdidas irrecuperables.
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