La Semana Santa de 2026 comenzó con un episodio inédito en Jerusalén, cuando la policía israelí impidió al Patriarca Latino de Jerusalén, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, acceder a la iglesia del Santo Sepulcro para celebrar la misa del Domingo de Ramos. Esta decisión, justificada por preocupaciones de seguridad, generó una ola de condena a nivel internacional, destacando la inquietud sobre las restricciones a la libertad religiosa en la ciudad sagrada.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, respecto a este incidente, se pronunció en la plataforma X, asegurando que se había dado la instrucción a las autoridades nacionales para asegurar un “acceso total e inmediato” a la basílica para el cardenal. Sin embargo, la jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Kaja Kallas, denunció este acto como una violación de la libertad de culto, señalando que todas las confesiones deben tener garantizado el derecho a practicar su fe en Jerusalén.
Las voces disonantes no se hicieron esperar: Italia, Francia y España, entre otros países de la UE, se unieron en la condena, destacando la importancia de proteger el carácter multirreligioso de Jerusalén. A raíz de las restricciones impuestas por las autoridades israelíes desde el estallido de la guerra el 28 de febrero, eventos públicos en lugares sagrados están limitados a apenas 50 participantes, una medida que afecta no solo la comunidad católica sino a todas las religiones presentes en la región.
El Patriarcado Latino de Jerusalén comunicó que el impasse resultó en la cancelación de la misa del Domingo de Ramos, un evento que, por primera vez en siglos, no se pudo llevar a cabo en el Santo Sepulcro. El cardenal y su comitiva se vieron obligados a regresar sin poder realizar la procesión que normalmente congrega a miles de fieles. Este hecho ha sido calificado como un grave precedente que demuestra una falta de sensibilidad hacia las creencias de millones de personas alrededor del mundo.
En un acto simbólico, el cardenal Pizzaballa celebró la misa en la Iglesia de Todas las Naciones, donde destacó que “la guerra no borrará la resurrección” y que “el dolor no extinguirá la esperanza”. La misa se caracterizó por un tono de luto, donde en lugar de palmas, los asistentes sostuvieron una cruz, simbolizando una búsqueda de paz en medio de la adversidad.
A medida que la tensión crece, los líderes internacionales hacen un llamado a Israel para que respete la diversidad de credos y el derecho internacional, afirmando que sin tolerancia es imposible la convivencia. El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, se unió a las voces de condena, exigiendo explicaciones sobre el impedimento a los católicos para celebrar su tradición en los Lugares Santos.
La controversia sobre el acceso y la seguridad de los lugares sagrados en Jerusalén ha estado en el centro de debates a lo largo de los años. Este incidente del Domingo de Ramos resalta, una vez más, la precariedad de la libertad religiosa en una región donde la historia y la espiritualidad se entrelazan de formas complejas. Con el paso de los días, se espera que la comunidad internacional continúe presionando para que se respete el derecho a la libertad de culto en Jerusalén, una ciudad que debe ser un faro de paz y coexistencia para todos sus habitantes.
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