La galería König, ubicada en el céntrico barrio de la Condesa en Ciudad de México, cerró sus puertas de forma abrupta el viernes tras una serie de incidentes vinculados a ataques antisemitas dirigidos al artista israelí Amir Fattal. Fattal, quien había presentado su exposición temporal titulada “I’m Just Here For The Pool” desde el 3 de febrero, experimentó un clima de hostilidad que culminó con la pintura de esvásticas en la fachada de la galería el jueves.
El artista, que se ha sentido generalmente bien recibido en la ciudad durante sus visitas invernales desde hace cuatro años, relató que la situación cambió drásticamente en los días previos al cierre. Atribuyó el inicio de esta oleada de hostigamiento a un grupo de aproximadamente quince personas que se manifestaron contra él, lo que llevó a la intervención policial, que lo escoltó para garantizar su seguridad.
La noche del jueves, nuevos manifestantes se congregaron frente a la galería coincidiendo con la finalización de su exposición. Según el relato del artista, aunque había dos agentes de policía presentes al principio, abandonaron el lugar tras una interacción con los manifestantes, dejando a Fattal vulnerable ante los gritos y actos de vandalismo, que incluyeron grafitis con mensajes de odio.
Fattal, que se describe como un creador que evita compartir contenido político en sus redes sociales, ha decidido no presentar una denuncia tras estos acontecimientos. Hasta ahora, no se ha fijado una fecha para el reapertura de la galería König.
Este incidente ha llamado la atención sobre el antisemitismo en México, un país con una comunidad judía que, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en 2020, asciende a más de 58,000 personas, muchas de las cuales residen en la capital.
La situación no solo afecta a Fattal y su obra; es un reflejo de cómo el arte puede ser polarizador y de las tensiones sociales que persisten en la actualidad. La galería y el mismo artista se ven ahora atrapados en un cruce de cultura, política y seguridad, poniendo de relieve la fragilidad del entorno artístico frente a ideologías extremistas. La comunidad, tanto la judía como la artística, observa con preocupación los desarrollos de este caso y las implicaciones que puedan surgir en el futuro.
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