En un espectáculo que deslumbró y sorprendió, la música se detuvo después de presentar solo dieciséis llamativos atuendos en negro. Cada uno de ellos, a pesar de su breve aparición, aportó una complejidad técnica y una sorpresa visual que, en ocasiones, escasea en otras colecciones. La pausa fue palpable en el ambiente, y tras este instante de silencio, un grupo de seis looks irrumpió desde el backstage, todos variantes de una estética ya presentada, pero esta vez vestidos en un rosa dulce y envolvente.
Los impresionantes volúmenes de estas creaciones, tan amplios que los modelos debían apartarse al cruzarse en la pasarela angosta, fueron enviados a la vista del público de forma tan rápida que los fotógrafos tuvieron dificultades para capturar la esencia de cada uno. El entorno permaneció en silencio reverente. Solo cuando este grupo se retiró, la música volvió con el emblemático “Adagio en G Minor” de Tomaso Albinoni.
Para quienes tuvieron la oportunidad de leer una nota previamente emitida por una diseñadora icónica para esta temporada, el rosa resultó ser una sorpresa leve. En su mensaje, afirmaba: “Al final, hay negro. En última instancia, el negro. He llegado a comprender que, después de todo, el negro es el color para mí. Es simplemente el más fuerte, el mejor para la creación, y el color que encarna el espíritu rebelde”. Esta revelación resonaba con quienes recordaban la pasada colección de menswear, titulada “Black Hole”, que concluyó con una explosión similar de atuendos blancos. La oscuridad del universo adquiere nuevos matices cuando se contrasta con la claridad.
En comparación con la anterior colección de ropa de mujer, donde se abrazaban formas Brutalistas con pinceladas gruesas, la arquitectura de esta presentación introdujo un nuevo contraste: detalles sutiles en medio de la oscuridad. Elementos como el shirring, movimiento en los tejidos y capas de tul con bordados finos aportaron textura a las piezas, que, a su vez, desafiaban la definición convencional del diseño.
La abstracción en la forma de estas creaciones permitió que el público proyectara su propia interpretación. Por ejemplo, los paneles curvados en el pecho, la falda y el hombro del sexto look evocaban la imagen de azulejos mediterráneos o pelucas de jueces británicos. Los fascinantes flecos de la última creación, que vibraban con cada movimiento, recordaban tanto a medusas como a la estela de meteoros en el cosmos. Como es habitual, esta exhibición de Comme des Garçons se centró en suscitar preguntas, invitando a la reflexión y la interpretación personal.
Esta presentación ha dejado una huella indeleble, donde cada pieza no solo se contempla, sino que invita a una exploración más profunda de su significado y de sus raíces en el universo del diseño. Con la información recabada hasta el momento, el impacto del negro y las sorpresas del rosa se entrelazan, creando un diálogo visual que trasciende el simple acto de la pasarela.
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