Fashion Week ha servido como un escaparate para las tendencias más vibrantes, pero un destacado comentarista ha señalado un vacío alarmante: la ausencia de relojes. Eric Wind, un reconocido experto en relojes vintage, ha enfatizado lo desprovistos que parecen los modelos sin estos accesorios. Su experiencia en el sector le ha llevado a notar cómo, incluso en desfiles icónicos como el de Ralph Lauren, estos objetos de elegancia han sido ignorados. “¿Dónde están los relojes?”, cuestiona Wind, lanzando un llamado a restaurar el equilibrio estético en la moda.
Para quienes comparten esta sensibilidad hacia el tiempo, la reciente presentación de Jack Carlson en New York Fashion Week ha ofrecido un alivio. En su colección para J. Press, cada atuendo fue acompañado por un reloj vintage, estableciendo un nuevo estándar que une moda y cronometraje. La historia de Carlson y Wind se remonta a sus días como estudiantes en Georgetown, y desde entonces han forjado caminos significativos: Carlson llevando la antorcha de la moda Ivy League con Rowing Blazers, mientras que Wind ha abastecido a coleccionistas con piezas exquisitas, como las Submariner de diales tropicales y Daytonas de Paul Newman.
La colaboración entre ambos se materializó en un desfile donde la herencia de J. Press y la estética del libro Take Ivy, una obra fundamental sobre el estilo Ivy League de 1965, encontraron un terreno fértil. “El Ivy League es nuestra esencia”, afirma Carlson, reflexionando sobre la manera en que la marca ha moldeado esta tradición. La relevancia de esta estética no se limita a una moda pasajera; es un legado profundamente arraigado en la cultura estadounidense.
Con la inclusión de 37 selectos relojes vintage de la era que inspiró Take Ivy, Wind ha convertido el evento en un festín visual y temporal. Las piezas, desde Datejusts de dos tonos hasta robustos cronógrafos Heuer, reflejan la sutileza y la elegancia de una época donde lo destacado era lo refinado. “La selección de relojes busca crear una armonía con la vestimenta, evitando que sean simples accesorios”, explica Wind, resaltando la intención de ofrecer un look cohesivo.
En una época donde lo casual prevalece en campus prestigiosos como Yale y Harvard, la estética Ivy League, junto con sus relojes, sigue siendo irrepetible, desafiando la noción de que son meros vestigios del pasado. Carlson sostiene que la presentación no es una mirada nostálgica, sino una celebración de un estilo que sigue vigente y relevante. La sinergia entre la moda, los relojes y los libros cuenta una historia que resuena con el legado de lo que significa ser parte de un linaje elegante y clásico en el vestuario masculino.
Así, la unión de estas influencias no solo otorga nueva vida a la presentación de Carlson, sino que también demuestra que el arte de los relojes y la moda pueden coexistir en perfecta sintonía, forjando un camino hacia un futuro donde ambos se honran y se celebran en conjunto.
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