La atención primaria de salud se encuentra en un estado de transformación radical, enfrentando un contexto donde la sanidad global ya no opera como una red de colaboración, sino como un campo de disputa. Este cambio ha sido especialmente evidente desde las crisis provocadas por la pandemia y las tensiones geopolíticas. En 2026, la pregunta que surge no solo cuestiona los retos inherentes a los modelos de atención, sino que también invita a reflexionar sobre cómo operan las estructuras de poder y su impacto en la salud pública.
Desde la Declaración de Alma-Ata en 1978, que prometía “salud para todos”, hasta el enfoque de Astaná en 2018, que enfatizaba la integración y eficiencia, la evolución de la atención primaria ha revelado la fragilidad de estas promesas. La globalización trajo consigo expectativas de cooperación y financiamiento continuos, pero esos tiempos han cambiado. Ahora, nos encontramos en un “nuevo orden” mundial caracterizado por desconfianza, polarización y recortes a nivel institucional. En este contexto, la expresión de Antonio Gramsci resuena con fuerza: “El viejo mundo muere, el nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”.
La crisis sanitaria derivada de la pandemia no solo puso a prueba los sistemas de salud, sino que también debilitó la confianza pública en las instituciones. Exacerbó desigualdades y desafió la noción de un sistema de salud global coordinado. Han surgido nuevos paradigmas, como el de la salud “glocal”, donde las crisis locales están influenciadas por dinámicas globales, desde la cadena de suministro hasta la migración y la desinformación. Los efectos de lo global ya no son abstractos; entran a las consultas de salud de manera palpable.
Si bien no se debe caer en fatalismos, la cooperación técnica y financiera ha cambiado. Ha dejado de ser una certeza y ahora se presenta como un desafío. La confianza en un pasado de cooperación idealizada es una forma de negación ante una realidad que exige adaptabilidad y realismo. En este panorama complejo, es crucial replantear cómo se conceptualiza y se opera la atención primaria.
El modelo de atención que se presenta hoy está destinado a ser más que un mero programa burocrático. Es fundamental verlo como “medicina de territorio”, que busca no solo ofrecer cuidados médicos, sino también integrar diversos factores que afectan la salud de las comunidades. La atención no puede limitarse a consultas breves; requiere un enfoque holístico que sostenga la continuidad del cuidado y evite el abandono de pacientes.
Para avanzar en este sentido, se proponen tres desafíos importantes. Primero, es necesario aceptar la complejidad del sistema de salud, donde las realidades no pueden ser simplificadas. Segundo, se debe promover la soberanía clínica frente a la era de los algoritmos y los datos, para que la atención se centre en la persona antes que en los números. Tercero, es vital abordar las estructuras de poder que perpetúan la preferencia por la atención hospitalaria en detrimento del cuidado primario en las comunidades.
En este contexto, el futuro de la atención primaria no puede seguir prometiendo solo acceso o cobertura. La continuidad del cuidado se convierte en el núcleo del nuevo contrato social en salud. Se requiere una infraestructura sólida que asegure equipos estables, tiempo adecuado para cada consulta, y un marco ético que prevenga la culpabilización por la escasez. La atención primaria debe transformarse en una herramienta concreta que garantice que enfermar no signifique estar solo en el camino hacia la recuperación.
Este momento es decisivo: si se sigue anclando la atención primaria a una retórica vacía, se corre el riesgo de que se convierta en una consigna que disfraza una práctica deficiente. Para que prospere, debe estar imbuida de un sentido de pertenencia y de compromiso con cada comunidad, asegurando que el sistema de salud no deje a nadie atrás en momentos de crisis. Las transformaciones en la atención primaria son indispensables para que la salud no se convierta en un lujo, sino en un derecho accesible y viable para todos.
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