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title: "Venta callejera de pozole marca comienzo de Restaurantes La Gorda"
url: https://informacion.center/venta-callejera-de-pozole-marca-comienzo-de-restaurantes-la-gorda/
language: es
publisher: "Información Center"
section: "Finanzas"
published: 2026-10-26T15:00:00.000Z
updated: 2026-10-26T20:12:12.940Z
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source: "El Economista https://www.eleconomista.com.mx/bistronomie/vender-pozole-banqueta-ocho-restaurantes-historia-gorda-guadalajara-20261026-840036.html"
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# Venta callejera de pozole marca comienzo de Restaurantes La Gorda

La fundadora de Restaurantes La Gorda, Josefina García, comenzó a vender pozole en la calle después de que su esposo perdió su trabajo en septiembre de 1956, y su historia familiar involucra a tres generaciones.

La fundadora de Restaurantes La Gorda, Josefina García, comenzó a vender pozole en la calle después de que su esposo perdió su trabajo en septiembre de 1956. En ese momento, tenía dos hijos y una necesidad inmediata de generar ingresos. Según su propia cuenta, había aprendido a cocinar de su abuela y estaba dispuesta a utilizar ese conocimiento para mantener a su familia.

García recuerda que siempre estuvo presente en la cocina con su abuelita, quien le enseñó a guisar y preparar diferentes platos. Cuando salió a vender, tenía "muchísimas ganas de hacerlo bien. Comenzó vendiendo pozole y tostadas desde una banqueta en el barrio de Santa Teresita, en Guadalajara.

Aunque no se mencionan detalles específicos sobre la cantidad de dinero que García ganaba en ese momento, es claro que tenía un objetivo claro: mantener a su familia. La venta callejera de pozole y tostadas sería el comienzo de una empresa que involucraría a tres generaciones de su familia.

La historia familiar cuenta que el comienzo tuvo lugar con una olla de barro, un anafre de carbón y una banqueta. Aunque no se proporcionan fechas específicas sobre cómo evolucionó la empresa, es claro que García trabajó incansablemente para mantenerla en pie.

La constancia y disciplina fueron clave para el crecimiento de La Gorda, según las palabras de su fundadora. García asegura haber estado presente todos los días, sin descansos, lo que permitió que la empresa creciera y se convirtiera en la entidad que es hoy en día.

La cocina de Doña Josefina era un lugar donde las limitaciones se resolvían con trabajo manual. Aunque ya había licuadoras en el mercado, ella prefería moler los ingredientes en metate debido a su escasez de fondos.

El menú de la pequeña tienda creció rápidamente junto con la clientela. Cuando comenzaron a llegar personas de diferentes partes de la ciudad, Doña Josefina decidió ampliar su espacio y se trasladó a un local más grande enfrente de su antiguo negocio.

Sin embargo, pronto encontró otro obstáculo: las filas de clientes se hicieron insostenibles. Necesitaba más espacio para satisfacer la creciente demanda, por lo que decidió tomar una decisión drástica y convertirse en un restaurante.

Doña Josefina observaba cuidadosamente de dónde llegaban sus clientes y dónde vivían para determinar dónde abrir nuevas sucursales. De esta manera, pudo expandir su negocio gradualmente y adaptarse a las necesidades de la comunidad.

Los domingos se convirtieron en un día de venta asegurada para Doña Josefina. Preparaba grandes cantidades de pozole y organizaba el trabajo para satisfacer la demanda creciente de sus clientes, lo que le permitía contar con ingresos estables para seguir operando su negocio.

La Gorda en Guadalajara continuó innovando para mantener la demanda durante la Cuaresma, una época en la que tradicionalmente se consumen platillos específicos. Para satisfacer a sus clientes, la empresa incorporó pozole de camarón y otros platillos de temporada al menú. Según explicó Julieta Vargas, nieta de la fundadora, esta estrategia permitió ampliar el plato principal.

Con una presencia en ocho sucursales y entrega a domicilio, La Gorda vende alrededor de 160,000 platos de pozole cada año. Para mantener esta escala de producción, la familia optó por concentrar la elaboración en una cocina central que opera las 24 horas, los siete días de la semana. Esta estructura permite abastecer a todos los establecimientos con uniformidad.

Julieta Vargas describe el proceso como un sistema eficiente y consistente. La calidad del producto es fundamental para la empresa, por lo que se concentra en mantener relaciones sólidas con proveedores de alta calidad. Según Julieta, cuidar el producto es una forma de respeto al comensal.

La supervisión diaria de doña Josefina es crucial para asegurar la uniformidad del producto. Ella insiste en que los clientes encuentren la misma calidad y sabor en cualquier sucursal donde se sienten a comer. Para lograrlo, la empresa no permite cambios en las preparaciones ni en la presentación.

La consistencia de La Gorda también se refleja en la carta de antojitos, mole y pipián que ofrecen además de su famoso pozole. Incluso disponen de desayunos disponibles en dos de sus sucursales principales.

En su búsqueda por mantener la autenticidad de las recetas familiares, La Gorda ha enfrentado el desafío de convertir conocimientos y técnicas tradicionales en un proceso que pueda ser replicado por sus empleados.

Para lograr esto, la empresa se enfoca en preservar los métodos de preparación originales, como es el caso del mole y el pipián, que son elaborados siguiendo las instrucciones de su abuela fundadora.

El crecimiento de La Gorda no ha sido exento de obstáculos. A pesar de haber alcanzado un número récord de establecimientos antes de la pandemia, la empresa sufrió una serie de cierres durante la emergencia sanitaria.

La crisis económica causada por la ausencia de clientes en algunos de sus locales resultó en el cierre de cinco de ellos, dejando a la empresa con seis sucursales.

La familia fundadora de La Gorda ha logrado un crecimiento significativo en la empresa desde sus inicios humildes vendiendo pozole en las calles de Guadalajara.

Cada uno de los siete hijos de Doña Josefina ha contribuido con su trabajo a la expansión del negocio, lo que refleja su compromiso familiar y empresarial.

La dirección general de La Gorda está en manos de Mónica Rodríguez García, hija menor de Doña Josefina, quien ha trabajado incansablemente para llevar la empresa a nuevos niveles de crecimiento.

La plataforma digital ha sido clave para ampliar el alcance del negocio, permitiendo llegar a más hogares y aumentar la cobertura sin necesidad de abrir nuevas sucursales en cada zona.

La prioridad actual de La Gorda es consolidarse dentro de la zona metropolitana de Guadalajara, donde se espera encontrar un mercado más amplio para su producto.

La celebración del aniversario de La Gorda en Santa Teresita fue un momento importante para la empresa, ya que se colocó una placa conmemorativa y se presentó el minidocumental La Historia Detrás del Sabor: 1956-2026".

Durante siete décadas, las mesas de La Gorda han sido testigo del regreso de clientes que buscan preparaciones conocidas y también del acercamiento a nuevas opciones. Esta conexión con la ciudad se refleja en la historia de la empresa.

Aunque Doña Josefina ha pensado en proyectos más ambiciosos, como abrir un restaurante en Barcelona, su prioridad actual es consolidar La Gorda dentro de la zona metropolitana de Guadalajara, donde busca encontrar un mercado más amplio para su producto.

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Source: [El Economista](https://www.eleconomista.com.mx/bistronomie/vender-pozole-banqueta-ocho-restaurantes-historia-gorda-guadalajara-20261026-840036.html)  
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