Dos colosos de la educación superior en México, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Politécnico Nacional (IPN), han decido unir fuerzas en una cruzada vital para el bienestar de su comunidad estudiantil. En una iniciativa sin precedentes, ambas instituciones han pledgeado colaboración mutua para erradicar de sus campus la presencia de “grupos porriles”, término local utilizado para referirse a bandas estudiantiles que han sido vinculadas con actos de violencia y acoso hacia otros estudiantes.
Esta coalición entre la UNAM y el IPN surge como respuesta a una creciente inquietud por asegurar un ambiente académico seguro, en el que el respeto y la integridad son pilares fundamentales. La decisión no solo subraya el compromiso de ambas instituciones con la seguridad de sus estudiantes, sino que también representa un llamado a acción para proteger los valores y la dignidad que conforman la esencia de sus comunidades estudiantiles.
La lucha contra los grupos porriles no es un tema nuevo; sin embargo, la estrategia conjunta de la UNAM y el IPN marca un hito en el compromiso de ambas instituciones por fortalecer las medidas preventivas y correctivas. Este esfuerzo colaborativo contempla no sólo la vigilancia y sanción de las conductas disruptivas, sino también la promoción de una cultura de respeto, tolerancia y convivencia armónica dentro del campus.
El fenómeno de los grupos porriles, con su historia de intimidación y exclusión, representa una mancha en el tejido social de las instituciones afectadas, erosionando el sentido de comunidad y pertenencia entre estudiantes y académicos. Por ello, la UNAM y el IPN corroboran que su alianza es un paso firme hacia la reconfiguración de un entorno universitario en el que la seguridad y el bienestar son prioridades indiscutibles.
La medida ha sido recibida con esperanza por la comunidad universitaria, marcando una nueva página en la historia de la educación superior en México. Este es un claro mensaje de que la violencia y el acoso no tienen cabida en los espacios dedicados a la formación y el desarrollo de futuras generaciones.
Esta colaboración entre las dos instituciones educativas más emblemáticas del país es más que una acción conjunta; es un símbolo de la unidad y determinación de la comunidad educativa por construir entornos de aprendizaje más seguros, inclusivos y respetuosos. Con este esfuerzo, la UNAM y el IPN no solo abordan un problema de larga data, sino que también se adelantan en la definición de nuevos estándares para la convivencia y seguridad en el ámbito educativo en México.
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