La ciudad de Sak-Bahlán, un emblemático bastión maya, logró mantener su independencia de la conquista española durante más de un siglo, convirtiéndose en una de las últimas urbes en sucumbir ante el imperio. A lo largo de los años, esta enigmática ciudad fue objeto de búsqueda intensa, respaldada por relatos y documentos históricos. Ahora, parece que un equipo de investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha logrado hallarla, siendo conocida como la “tierra del jaguar blanco”.
El historiador Jan de Vos documenta en su obra “La paz de Dios y del Rey”, la trágica extinción de los lacandones-ch’olti’es, los últimos mayas rebeldes de Chiapas, cuyo desenlace final se produjo en Sak-Bahlán. Según sus registros, en 1769 se realizó el último avistamiento de esta ciudad, donde se encontraron a los últimos tres sobrevivientes de la tribu lacandona, quienes en su momento fueron considerados “terror de los indios cristianos y pesadilla del gobierno español”.
Este importante sitio fue abandonado en 1721, sucumbiendo ante la densa selva que lo cubrió con el paso de los años. No obstante, tres siglos después, un ambicioso proyecto arqueológico, dirigido por los doctores Brent Woodfill y Yuko Shiratori, ha conseguido localizarla con éxito.
El investigador Josuhé Lozada Toledo, del INAH, utilizó un modelo predictivo apoyado en Sistemas de Información Geográfica para encontrar la ciudad en medio de la selva, aprovechando los registros de expediciones pasadas. Una carta de fray Diego de Rivas, escrita en 1698, revela que la entrada a Sak-Bahlán se localizaba en una llanura contigua al río Lacantún. Este relato fue crucial para establecer una georreferencia y localizar la ciudad, considerando diversos factores como el terreno, la altimetría y la vegetación.
Los resultados de esta investigación serán expuestos en un documental de Discovery Channel titulado “Discovering the hidden mayan city: Sac Balam”. Sak-Bahlán no solo representa un importante hallazgo arqueológico, sino también un testimonio del ingente valor cultural y patrimonial que siguen aportando las civilizaciones indígenas a la historia de México.
Es fundamental recordar que estos descubrimientos son un producto de esfuerzo colaborativo que destaca la riqueza de un pasado que aún guarda secretos fascinantes.
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