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El presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha mantenido una larga conversación telefónica con su homólogo Donald Trump este lunes, cuatro días después de hablar con el chino Xi Jinping, y tres días después de proclamar en un acto en Salvador de Bahía que “Trump propone crear una nueva ONU, en la que él solito sería el dueño”. La situación en Venezuela ha sido uno de los asuntos tratados por los líderes de Estados Unidos y Brasil, cuestión en la que Lula ha recalcado “la importancia de preservar la paz y la estabilidad regional y en bienestar de los venezolanos”, según una nota de la Presidencia brasileña. Ambos también han abordado la lucha contra el crimen organizado y la Junta de la Paz de Trump. Además, el brasileño ha aceptado la invitación de visitar Washington en una fecha por concretar.
En una conversación de 50 minutos, el magnate y el antiguo sindicalista han “saludado la relación que han construido en los últimos meses”, desde que se conocieron en persona en septiembre en la ONU. El veterano Lula, al frente de una de las grandes democracias del Sur Global, se ha embarcado en las últimas semanas en un formidable esfuerzo diplomático con distintos aliados para defender del multilateralismo y contrarrestar la ofensiva de Trump para imponer la ley del más fuerte.
El contacto entre ambos culmina la quincena de los mantenidos por Lula con líderes internacionales desde el ataque de EEUU a Venezuela, que como ha repetido desde entonces considera “un precedente extremadamente peligroso para (…) el orden internacional”. El brasileño, un veterano con muchas décadas de política y diplomacia a la espalda, está entre los líderes que han elegido encarar las presiones y amenazas de Trump desde la firmeza, sin doblegarse.
El presidente Lula le ha sugerido a Trump que la Junta de la Paz que acaba de crear “se limite a la cuestión de Gaza y prevea un puesto para Palestina”, según la citada nota. De ese modo, el brasileño intenta neutralizar el riesgo del que esa junta se erija en un órgano con vocación de reemplazar a la ONU, como él mismo advirtió el viernes. Por ese motivo, varios de los países convocados han rechazado la invitación. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha anunciado que participará. Y Brasil no ha respondido aún.
Lula también ha aprovechado para reiterar a Trump su propuesta de reforzar la lucha contra el crimen organizado en territorio brasileño. El presidente brasileño quiere más cooperación con Washington para perseguir el lavado de dinero y el tráfico de armas, congelar los bienes de los grupos criminales e intercambiar información sobre transacciones financieras ilícitas”.
La visita de Lula a Washington, la primera de este mandato, se realizará en una fecha aún por decidir, pero en cualquier caso después de las visitas que ya tiene previstas a India y a Corea del Sur en febrero.
Aquel breve saludo en la ONU entre Trump y Lula, dos tipos campechanos, de casi la misma edad, propició su primera reunión formal, en octubre, en Malasia, que a su vez “desembocó en el levantamiento de parte significativa de los aranceles aplicados [por Estados Unidos] a productos brasileños” en diciembre. Comenzaba a resolverse ahí la crisis más grave entre los dos países en dos siglos. La diplomacia brasileña negocia desde entonces para que Washington elimine todas las tarifas y levante las sanciones que aún mantiene contra varios jueces del Tribunal Supremo.
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