Un grupo de organizaciones de derechos civiles ha presentado una demanda contra el Departamento de Estado de Estados Unidos, cuestionando la reciente suspensión del procesamiento de visados de inmigrantes para ciudadanos de 75 países. Esta política, que entró en vigor el 21 de enero, ha sido calificada como un ataque a décadas de legislación migratoria consolidada.
La situación ha generado preocupación entre quienes se ven directamente afectados. La demanda fue presentada en un tribunal federal de Manhattan, y solicita al juez que impida la implementación de esta política, que, según los denunciantes, descansa sobre una afirmación “sin fundamento” de que los emigrantes de estos países buscan aprovecharse de las ayudas sociales y corren el riesgo de convertirse en “cargas públicas”.
Entre los demandantes se encuentran no solo activistas, sino también ciudadanos estadounidenses que han sido separados de sus familias debido a esta medida. Entre ellos figura un endocrinólogo colombiano, cuya visa laboral ha sido bloqueada porque su país está incluido en la lista de naciones afectadas.
Los impactos son significativos y se extienden por diversas regiones; solicitantes de países latinoamericanos como Brasil, Colombia y Uruguay, así como de naciones balcánicas como Bosnia y Albania, se encuentran en una situación precaria. Asimismo, ciudadanos de Pakistán, Bangladesh y diversas naciones africanas y del Caribe también se han visto perjudicados.
Es importante señalar que esta política no afecta a los visados de visitante, los cuales han ganado atención con la llegada de eventos globales como el Mundial de fútbol y los Juegos Olímpicos de 2028. Sin embargo, el Departamento de Estado ha indicado que está llevando a cabo una “revisión completa” de sus políticas y regulaciones, con el objetivo de asegurar el “más alto nivel de selección y control” de los solicitantes de visados estadounidenses.
Un comunicado enviado a las misiones diplomáticas asegura que los solicitantes de los 75 países afectados “corren un alto riesgo de convertirse en una carga pública”, lo cual evidencia la preocupación del gobierno por los posibles impactos de los inmigrantes en los recursos de los gobiernos locales, estatales y federales en Estados Unidos.
La contundente respuesta de diversas organizaciones de derechos civiles es un reflejo de la tensión existente en torno a la política migratoria estadounidense y plantea interrogantes sobre el rumbo que tomará la administración en los próximos meses. A medida que se desarrollen los acontecimientos, el caso podría servir de precedente y afectar a muchas familias y profesionales que ven en la migración una oportunidad de mejora y esperanza.
Esta nota contiene información de varias fuentes en cooperación con dichos medios de comunicación




























