El gobierno de Cuba ha declarado su firme intención de enfrentar las consecuencias derivadas de la reciente decisión de Estados Unidos de imponer aranceles a aquellos países que suministren petróleo a la isla. En un contexto de creciente presión económica por parte de Washington, la máxima autoridad del país caribeño ha adoptado una postura resuelta: “patria o muerte”.
En una medida que ha generado un considerable revuelo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó el 26 de enero de 2026 una orden ejecutiva que autoriza la imposición de aranceles adicionales a productos importados desde naciones que proveen petróleo a Cuba. La justificación que brinda el gobierno estadounidense es que las “políticas, prácticas y acciones” del régimen cubano suponen una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos. Desde La Habana, esa afirmación ha sido calificada como “una lista extensa de mentiras”.
Washington sostiene que el gobierno cubano mantiene lazos con actores considerados hostiles, apoya actividades terroristas y lleva a cabo violaciones sistemáticas de derechos humanos. Según la orden ejecutiva, estas circunstancias legitiman el uso de herramientas comerciales para proteger la seguridad y la política exterior de Estados Unidos.
La condena cubana a esta medida fue contundente. La cancillería de la isla expresó en un comunicado que “el Gobierno Revolucionario condena en los términos más enérgicos la nueva escalada del gobierno de Estados Unidos”, refiriéndose a las intentonas de imponer un “cerco absoluto” a los suministros de combustible. En una clara demostración de resistencia, el comunicado subraya la confianza de Cuba en su capacidad de reacción: “Enfrentaremos esta arremetida con firmeza, ecuanimidad y la seguridad de que la razón está absolutamente de nuestra parte”. La frase “¡Patria o Muerte, Venceremos!” resuena como un mantra de resistencia.
La nueva política estadounidense podría acentuar la escasez de petróleo que ya padece Cuba, pues la isla ha sido escenario de apagones masivos que se prolongan durante horas. Esta crisis energética se ha intensificado desde que la intervención de Estados Unidos en Venezuela interrumpió los envíos de petróleo a Cuba, dependencia histórica que la nación caribeña ha mantenido. Tras este hecho, México se convirtió en el principal proveedor de crudo y derivados. Sin embargo, a inicios de esta semana, la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, anunció la interrupción de los envíos, en medio de presiones ejercidas por Washington.
El clima geopolítico se agita, y la interacción de estas decisiones pone de manifiesto las tensiones históricas entre Cuba y Estados Unidos. Con el horizonte lleno de incertidumbre, la isla se prepara para enfrentar los desafíos que esta nueva era de confrontación plantea.
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