La preocupación entre los trabajadores respecto a la seguridad de sus ahorros en las Afores ha surgido con fuerza tras la introducción de la nueva Ley para el Fomento de la Inversión en Infraestructura Estratégica. Esta legislación permite que los ahorros acumulados puedan ser utilizados en proyectos de infraestructura del gobierno, lo que ha desatado alarmas en redes sociales y medios de comunicación. Sin embargo, tanto el gobierno como las administradoras de fondos para el retiro han tomado la iniciativa de clarificar la situación.
Edgar Amador, secretario de Hacienda, ha subrayado que esta ley no impone una obligación a las Afores para invertir en proyectos gubernamentales. Aseguró que cualquier inversión seguirá siendo voluntaria y estará sujeta a rigurosos criterios de rentabilidad y riesgo. Las administradoras actuarán con un enfoque de fiduciario, priorizando la protección del ahorro de los trabajadores.
La Asociación Mexicana de Administradoras de Fondos para el Retiro (Amafore), liderada por Guillermo Zamarripa, ha respaldado esta postura, enfatizando que la nueva legislación no altera el régimen de inversión actual y que cualquier participación será decidida de manera independiente por cada administradora. Este compromiso se enmarca en un contexto en el que las Afores ya realizan inversiones significativas en infraestructura a través de instrumentos como Certificados de Capital de Desarrollo (CKDs) y Certificados de Proyectos de Inversión (CERPIs).
No obstante, el panorama es más complejo. La historia reciente del país está marcada por obras que han registrado sobrecostos y que aún no generan beneficios económicos sustanciales. Este trasfondo ha llevado a cuestionar la capacidad del gobierno actual, bajo la dirección de Claudia Sheinbaum, para manejar un déficit fiscal sin precedentes, lo que pone en jaque su estrategia para fomentar la inversión en infraestructura.
El desafío es mayúsculo. Con un plan de inversión que busca movilizar más de 5.6 billones de pesos antes de concluir el sexenio, las expectativas son altas. Sin embargo, la falta de recursos presupuestales y la necesidad de innovar en los esquemas de financiación plantean incógnitas. Las reformas propuestas han generado una mezcla de interés y escepticismo, sobre todo en lo que respecta a la utilización de mecanismos extrapresupuestarios y el riesgo de acumulación de pasivos.
Mientras el gobierno intenta abrir nuevos caminos para reactivar la economía, la confianza del sector privado sigue siendo frágil. En este contexto, las administradoras de fondos deben asegurarse de tomar decisiones responsables y de comunicar de manera transparente la situación ante los inversionistas.
La decisión de participar en proyectos de infraestructura debería ser evaluada con cautela, teniendo en cuenta no solo las oportunidades de crecimiento, sino también los posibles riesgos asociados. Solo así se podrá dar un paso firme hacia el anhelado milagro económico, con la seguridad de que los ahorros de los trabajadores permanezcan a salvo y productivos.
A medida que las discusiones continúan, es crucial que los responsables de la política económica mantengan un enfoque en la rentabilidad y la seguridad, para que la incertidumbre no eclipse las potencialidades de crecimiento que la nueva legislación promete.
Esta nota contiene información de varias fuentes en cooperación con dichos medios de comunicación


















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