La presidenta de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, junto con el partido Morena, ha dado un giro significativo en su enfoque sobre el crimen organizado, distanciándose del conocido lema de “abrazos no balazos” implementado por el expresidente Andrés Manuel López Obrador. Este cambio se produce en medio de la controversia generada por las declaraciones de Adriana Marín, integrante del grupo morenista en el Congreso local, quien afirmó que erradicar el crimen organizado es un desafío complicado debido a la creación de entre 160,000 y 185,000 empleos al año por parte de los narcotraficantes, una realidad que, según ella, el sector privado y el Estado no han sabido abordar adecuadamente.
Las palabras de Marín provocaron una rápida reacción de Sheinbaum, quien califica las afirmaciones de la diputada como “muy desafortunadas” y se apresuró a desmentir las cifras presentadas. Esta caída de ficha en el discurso oficial ha dejado ver las tensiones dentro de Morena, tanto a nivel local como nacional.
En respuesta a la polémica, la dirigencia de Morena también salió a hablar, asegurando que el narcotráfico es un fenómeno criminal que debe ser confrontado mediante la ley, inteligencia y políticas sociales que aborden sus causas. Esta defensa se ha enmarcado en un intento de contener las críticas en medio de un ambiente hostil, donde la oposición ha arremetido con acusaciones de que el gobierno tolera la corrupción y el crimen organizado.
Adriana Dávila, representante del PAN, ha sido una de las voces más críticas, señalando que el reconocimiento del empleo que crea el narcotráfico expone al gobierno como un “narcogobierno”. Ante esto, Sheinbaum ha insistido en que la administración trabaja para evitar que jóvenes se vean atraídos hacia la delincuencia, advirtiendo que esa opción es, de hecho, un camino hacia la muerte o la prisión.
El partido Morena, intentando desviar la atención de las críticas, ha lanzado una retórica que culpa a gobiernos del pasado por abrir las puertas al crimen organizado, reafirmando que su metodología es distinta. Marín, por su parte, ha permanecido en silencio tras la tormenta mediática que sus declaraciones han generado.
Este escenario resuena en un México donde la lucha contra el crimen organizado se ha vuelto más compleja, y las divisiones políticas amenazan con complicar aún más la búsqueda de una solución.
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