En un mundo donde las identidades son cada vez más diversas y complejas, ha surgido una tendencia que sorprende y despierta curiosidad: la de los therians. Este fenómeno social involucra a personas que, en un plano psicológico o espiritual, se identifican con un animal. No se trata de transformaciones físicas ni de creer vivir como un animal en un sentido literal; es una experiencia interna, una conexión profunda que les permite expresar su ser en formas que van más allá de lo convencional.
La historia tomó un giro notable cuando un joven de 28 años, que se identifica como caballo, decidió presentarse en el Congreso del Estado de Nuevo León para exigir respeto hacia esta identidad. Sin necesidad de alusiones a mitologías o fantasías, su petición se centró en el reconocimiento y el respeto. Lo que busca no es que se le registre como una especie distinta ni que se le asigne un hábitat especial; más bien, desea que la sociedad comprenda y acepte la multiplicidad de identidades que existen en nuestro entorno.
Psicólogos y expertos han señalado que la identidad humana es un concepto intrincado. Las metáforas animales han permeado la cultura a lo largo de la historia; sin embargo, lo novedoso es que ahora esas metáforas son vividas de manera personal y directa. Decir “hoy me siento como gato” podría expresar una necesidad de descanso o ternura, pero en el contexto de los therians, puede representar una vivencia más intensa y auténtica.
El surgimiento de esta tendencia también refleja un cambio social: en un entorno donde las identidades se multiplican y las sensibilidades evolucionan, algunos reclaman reconocimiento para su animalidad interna mientras que otros abogan por una mayor protección legal para los animales en general. Este diálogo es relevante en una sociedad que lucha por entender diversas formas de ser y existir.
Los therians se encuentran en una encrucijada fascinante. Aunque llevan vidas convencionales, trabajando y estudiando como cualquier persona, su autopercepción añade una dimensión única a su experiencia diaria. Algunos manifiestan su identidad a través de accesorios sutiles, avatares o dibujos, mientras que otros prefieren mantener su conexión de manera más introspectiva.
En un momento histórico donde la identidad se discute constantemente, el therianismo se suma a la larga lista de maneras en que las personas buscan respuestas a la antigua pregunta: “¿Quién soy?”. Y en una era donde el diálogo sobre identidades es crucial, el reconocimiento y el respeto hacia todas las formas de identidad parecen ser más necesarios que nunca. Porque al final, en esta jungla moderna de asfalto y redes sociales, todos, de alguna manera, buscamos un espacio donde podamos rugir, maullar o simplemente ser quienes somos.
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