La guerra en Medio Oriente está generando un efecto dominó en la economía global, llevando a la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) a considerar la posibilidad de mantener las tasas de interés sin cambios por más tiempo del anticipado. Esta situación tiene un impacto directo sobre los precios de la energía y la inflación, algo que podría frustrar las expectativas del presidente Donald Trump, quien ha estado presionando para una reducción inmediata de las tasas.
La Fed se reunirá el 28 y 29 de marzo para discutir su política monetaria, en un encuentro que se realiza en un contexto económico delicado. Desde finales del año anterior, las tasas se han mantenido entre el 3.50% y el 3.75%, luego de tres recortes sucesivos. Sin embargo, algunos miembros de la Fed ya mostraban inclinaciones hacia la estabilidad en las tasas antes del inicio del conflicto en febrero, buscando así controlar la inflación.
Con una inflación de 2.8% en enero, se vislumbra un periodo crítico. Diane Swonk, economista en jefe de KPMG, señala que Estados Unidos ha permanecido por cinco años con la inflación por encima del objetivo del 2%. Según ella, la Fed se enfrenta a menos margen de maniobra que otros bancos centrales, lo que complicará su gestión ante presiones inflacionarias.
Cada día adicional de conflicto en el Medio Oriente tensa más el acceso a hidrocarburos en el Golfo, provocando un aumento en los precios del petróleo y en los costos de producción empresarial. La incertidumbre resultante ha llevado a los inversionistas a revisar sus expectativas sobre futuras decisiones de tasas de interés. Antes del estallido del conflicto, se anticipaba un recorte en junio o julio; ahora, ese horizonte se ha desplazado, al menos, hasta octubre.
Mientras tanto, Trump sigue demandando a la Fed que adopte una postura más acomodaticia para abaratar el costo del crédito, una medida que busca mejorar el poder adquisitivo de los estadounidenses, especialmente con las elecciones de otoño a la vista. El dilema se presenta: frenar la inflación o incentivar el crecimiento económico.
La Fed tiene un mandato dual: mantener la inflación cerca del 2% y asegurar el máximo nivel de empleo. Por lo general, tasas de interés altas reducen la inflación, mientras que tasas bajas fomentan el crédito y la inversión. Sin embargo, la combinación de inflación y desempleo creciente representa un reto agonizante, dejando a la autoridad monetaria con pocas opciones, más que gestionar los efectos económicos adversos.
Nicole Cervi, economista de Wells Fargo, enfatiza que la Fed se encuentra en una posición delicada, enfrentándose a un dilema que refleja un “choque estanflacionario,” caracterizado por una inflación alta junto a un débil crecimiento económico. Dentro de la Fed, se dividen entre los “halcones,” enfocados en combatir la inflación, y los “palomas,” que defienden la protección del crecimiento y el empleo.
Con la próxima reunión, el tiempo es esencial. Febrero trajo consigo una alarma: más de 90,000 empleos destruidos en Estados Unidos. A pesar de este revés, la tasa de desempleo se mantiene en un 4.4%, lo que sigue indicándose como una muestra de cierta solidez en el mercado laboral.
Este encuentro de la Fed también es políticamente significativo, ya que es la penúltima reunión presidida por Jerome Powell, cuyo mandato finalizará en mayo. Trump ha propuesto a Kevin Warsh como su sucesor, aunque su confirmación aún está estancada en el Senado.
La guerra en Medio Oriente, además, podría complicar aún más el escenario de tasas. Nicole Cervi señala que el efecto sobre los precios de la energía dificultará convencer a los halcones de la Fed de bajar las tasas, aun cuando los argumentos de los palomas sobre el mercado laboral sean sólidos. Con todo, las decisiones que tome la Fed en los próximos días no solo influirán en la economía estadounidense, sino que resonarán a nivel global.
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