Los rótulos en la Ciudad de México son más que solo un medio para comunicar; son una forma de arte y una parte esencial del paisaje urbano. En cada rincón, desde los vibrantes puestos de tortas hasta los carritos de micheladas, estos rótulos reflejan la creatividad y la identidad cultural del país. La diversidad de tipografías y colores invita a la risa y la reflexión, transformando lo cotidiano en algo inconfundiblemente mexicano.
Una iniciativa reciente busca reconocer el valor de esta manifestación gráfica. La Comisión Interinstitucional de Patrimonio Cultural, Natural y Biocultural, que incluye representantes de diversas secretarías de gobierno, está trabajando para que el rotulismo popular sea declarado Patrimonio Inmaterial de la Ciudad de México. En caso de lograrlo, el expediente técnico necesario se presentará a la Secretaría de Cultura local y, posteriormente, al Jefe de Gobierno para su oficialización.
En este contexto, la Galería José María Velasco, ubicada en la colonia Morelos, ha inaugurado la exposición “Los rótulos no deben morir”. Esta muestra reúne cerca de 100 piezas que abarcan tanto trabajos contemporáneos de rotulación como fotografías de grandes artistas que han documentado la esencia del rotulismo en la capital. La exposición, curada por Quetzalcóatl Molina y colaborada por el rotulista Isaías Salgado, busca resaltar la importancia de los rótulos como parte de la identidad mexicana.
En la galería, un pequeño puesto de “Ricas tortas” funciona como vitrina, mostrando cómo estos espacios no serían lo mismo sin sus distintivos rótulos, que son vitales para su reconocimiento. De acuerdo con Salgado, con más de 40 años de experiencia, la creación de rótulos es un arte que no solo se basa en la estética, sino que también respeta la función de atraer a los clientes. “Los colores naturales, como los rojos y amarillos, son fundamentales, ya que aportan vida a los negocios”, explica, subrayando la singularidad de cada pieza.
Sin embargo, el oficio de rotulista enfrenta desafíos. Armando Téllez, un compañero de Salgado, menciona que la tecnología ha propiciado una reducción significativa en los talleres de rotulación tradicional. A pesar de esta adversidad, hay señales de un resurgimiento del interés por los rótulos, especialmente en zonas como la alcaldía Cuauhtémoc, donde los rotulistas están retomando las calles.
La exposición en la galería se convierte así en un paso importante hacia la protección y reconocimiento del rotulismo como parte del patrimonio cultural. Según Molina, la preservación de esta técnica es crucial para evitar la desaparición de una parte vital de la identidad de la Ciudad de México. El rotulismo no solo representa la creatividad de sus artistas, sino que también guarda un significado colectivo que nos recuerda la riqueza cultural que se encuentra en cada esquina.
Si se aprueba la declaración del rotulismo como Patrimonio Inmaterial, se busca no solo dar reconocimiento a los rotulistas, sino también asegurar que este arte siga vivo en la memoria colectiva de la ciudad y que continúe embelleciendo su paisaje urbano.
Esta nota contiene información de varias fuentes en cooperación con dichos medios de comunicación
















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