La inseguridad en el entorno universitario se ha convertido en un tema de creciente preocupación en diversos estados del país, y la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) no es la excepción. Recientemente, la rectora de esta institución se pronunció claramente sobre la situación que enfrentan los estudiantes y el personal académico, haciendo un llamado a las autoridades para reforzar las medidas de vigilancia y seguridad en los campus.
En un panorama donde el aumento de delitos en las cercanías de las universidades parece ser un fenómeno alarmante, la necesidad de un entorno seguro se vuelve prioritaria. La rectora destacó la importancia de implementar estrategias efectivas que no solo garanticen la seguridad física de la comunidad universitaria, sino que también propicien un ambiente propicio para el aprendizaje y el desarrollo académico.
Este reconocimiento de la vulnerabilidad ante la inseguridad resuena particularmente en un momento en que instituciones educativas han sido objeto de múltiples atentados y agresiones. Los relatos de estudiantes que han experimentado situaciones de riesgo son cada vez más frecuentes, lo que agudiza la ansiedad y la preocupación entre padres y educadores.
Es fundamental que la colaboración entre las autoridades universitarias y las instancias de gobierno sea más estrecha para abordar esta problemática. Implementar medidas de seguridad adecuadas, desde patrullajes regulares hasta la instalación de cámaras de vigilancia, podría marcar una diferencia significativa en la percepción de seguridad en el campus.
Además, promover campañas de concientización sobre la seguridad personal puede empoderar a los estudiantes, dotándolos de herramientas para prevenir situaciones de riesgo y fomentar una cultura de cuidado mutuo. Este enfoque no únicamente centra la solución en la infraestructura, sino que también involucra a toda la comunidad educativa en la construcción de un ambiente más seguro.
La consternación por la inseguridad se encuentra presente en la agenda social, y es un tema que requiere atención inmediata. La rectora, al abrir el diálogo sobre este problema, ha puesto un foco importante sobre la necesidad de actuar, dejando en claro que la educación no debiera ser un privilegio condicionado a la seguridad.
El contexto de inseguridad en México exige una respuesta coordinada y firme. Las universidades, como espacios de formación y crecimiento, deben ser refugios y no escenarios de riesgo. La voz de las autoridades académicas tiene el potencial de catalizar el compromiso necesario en la construcción de estrategias que protejan a los estudiantes y al personal, garantizando así el cumplimiento de la misión educativa institucional.
Las palabras de la rectora sirven como un llamado a la acción, no solo para las autoridades estatales y municipales, sino también para toda la sociedad. La creación de un entorno seguro es una responsabilidad compartida que demanda el esfuerzo conjunto de todos, para que los estudiantes puedan centrarse en lo que realmente importa: su formación académica y su futuro profesional.
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