En un mundo donde la inteligencia artificial y los sistemas basados en datos (SD) transforman radicalmente la estructura del trabajo y la economía, la pregunta de si las máquinas reemplazarán a los trabajadores humanos cobra una nueva dimensión. Estas tecnologías no solo están introduciendo modelos de negocio innovadores, sino que también están redefiniendo lo que significa trabajar. La disrupción es palpable y se presenta tanto en nuevas oportunidades como en desafíos significativos.
Los beneficios de esta revolución digital son innegables: promesas de mayores empleos, incremento en la productividad y herramientas que amplían nuestras capacidades cognitivas. Sin embargo, la realidad del mercado laboral está cambiando. La precarización de las condiciones laborales, junto con una presión que mantiene los salarios a la baja, se convierten en efectos evidentes de esta transformación. A medida que los algoritmos toman el control, surge la inquietante posibilidad de que el trabajo profesional remunerado se vuelva obsoleto.
El temor al desempleo masivo ha acompañado a cada avance tecnológico en el pasado, pero ahora la historia podría no repetirse. A diferencia de revoluciones tecnológicas anteriores, que buscaban hacer el trabajo humano más eficiente o menos exigente, los sistemas actuales están diseñados para sustituir a los humanos en gran parte del proceso productivo. Áreas una vez consideradas exclusivas para el ingenio humano, como el diagnóstico médico, el análisis legal e incluso la creación cultural, ahora son susceptibles de ser automatizadas.
A medida que la velocidad y la amplitud de la disrupción aumentan, se pone en cuestión la afirmación de que la innovación tecnológica siempre genera más empleos de los que destruye. La realidad es que las evidencias actuales sugieren que los sistemas de datos están eliminando profesiones enteras a un ritmo vertiginoso, dejando detrás un vacío difícil de llenar.
No obstante, un futuro sin trabajo remunerado no debe considerarse intrínsecamente negativo. La posibilidad de menos horas de trabajo y más tiempo libre podría conducir a una vida más equilibrada y humana. Sin embargo, detrás de esta utopía se esconden preocupaciones más profundas: la pérdida de salarios, la disminución de las bases tributarias que sustentan los bienes públicos y el vacío que deja la falta de empleo en cuanto a propósito e identidad.
Es imperativo que los responsables políticos reconozcan el impacto de los sistemas basados en datos en el mercado laboral. Instar a que los trabajadores se adapten a un entorno laboral en transformación parece, en muchos casos, un enfoque escapista ante un problema de mayor envergadura que trasciende la responsabilidad individual. Existe la necesidad urgente de formular un marco político que aborde adecuadamente la magnitud de esta disrupción.
Para enfrentar estos retos, se sugiere un nuevo modelo conocido como Sociedad, Emprendimiento e Investigación-Tiempo (SERT). Este modelo propone disociar los ingresos del trabajo remunerado de tal forma que se garantice a todos una vida digna. En esencia, el primer pilar de SERT consiste en establecer una renta básica que cubra las necesidades fundamentales. El segundo pilar implica una disociación condicional de los ingresos que exige a cada individuo contribuir con “tiempo social” a actividades de valor social.
La iniciativa, que podría administrarse digitalmente, se asemeja al exitoso Servicio Civil Suizo, permitiendo a las personas elegir entre diversas actividades cívicas. El modelo también enfatiza la importancia de mantener las funciones no económicas del trabajo, como el reconocimiento social y la estructura diaria.
Además, el marco crea incentivos para la educación y la innovación, proponiendo que las contribuciones en estas áreas reduzcan o eliminen el tiempo social requerido. Por último, la cuestión de cómo se distribuyen las ganancias generadas por tecnologías más eficientes se vuelve crucial. Se sugiere que un sistema tributario global coordinado, que grave el uso de datos y capital, podría ser la clave para asegurar recursos justos y dignos para todos.
Si la transición hacia un sistema basado en datos se realiza sin un enfoque colectivo, se podría intensificar la desigualdad y poner en peligro la cohesión social. Adoptar el modelo SERT puede ofrecer una vía hacia un futuro más equitativo y estable, reconociendo que el progreso tecnológico debe ir de la mano con una visión ética de la transformación laboral.
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