En el ámbito laboral de México, la reforma de 2019 marcó un hito significativo al introducir cambios paradigmáticos en las prácticas colectivas y en la justicia laboral. Seis años después de su implementación, es crucial reflexionar sobre los avances y los retos que persisten.
La abogada Nadia González Elizondo, especialista en derecho laboral, explica que la reforma introdujo mecanismos innovadores, tales como el proceso de legitimación de contratos colectivos y la necesidad de elecciones mediante un voto libre, secreto y directo. La finalidad era clara: fomentar una negociación colectiva auténtica y mejorar la representación de los sindicatos, un objetivo que se remonta a la reforma constitucional anterior, implementada durante la presidencia de Enrique Peña Nieto.
Este cambio normativo no solo fue motivado por intereses internos, sino también por las exigencias externas, especialmente derivadas del T-MEC, el tratado comercial firmado entre México, Estados Unidos y Canadá. Según González, la eliminación de prácticas de simulación en la negociación colectiva era imperativa, pero los resultados han sido mixtos. Aunque se identifican ciertos avances, aún persisten desafíos significativos que dificultan la adaptación al nuevo paisaje laboral.
Un aspecto preocupante es que muchas organizaciones, tanto sindicales como empresariales, continúan operando bajo esquemas antiguos, donde las decisiones eran tomadas sin la participación directa de los trabajadores. Este fenómeno refleja la necesidad de un cambio cultural más profundo para que la reforma se implemente eficazmente. Aunque se habían iniciado programas de capacitación para difundir la reforma, su cancelación con el cambio de administración en EE.UU. ha limitado el alcance de estos esfuerzos.
A pesar de que esta reforma fue diseñada para equilibrar las relaciones entre trabajadores y empresarios, se observa que persisten vicios y lagunas importantes. Un tema crítico es la falta de claridad sobre el derecho de los trabajadores no solo a afiliarse y desafiliarse de un sindicato, sino también a decidir que su lugar de trabajo sea un espacio sin representación sindical.
Adicionalmente, la reciente reforma judicial ha complicado la plena efectividad de los cambios impulsados en 2019. Durante un webinar convocado por la Escuela Federal de Formación Judicial, se identificó que las propuestas de elección popular de jueces pueden amenazar la imparcialidad y la independencia de los tribunales laborales. Esto es crucial, ya que una de las exigencias del T-MEC es que los tribunales sean imparciales, y cualquier percepción de falta de independencia podría desincentivar la inversión extranjera.
Las juezas Gabriela Zambrano y Karime Pérez Guzmán advirtieron sobre el potencial impacto negativo de estas medidas en las relaciones comerciales e inversiones en México. La percepción de una influencia política excesiva en el poder judicial puede generar incertidumbre entre los socios comerciales, lo que tendría repercusiones económicas serias.
En resumen, la reforma laboral de 2019 fue un paso significativo hacia una mayor legitimidad en la representación de los trabajadores, pero su efectividad sigue siendo un tema de debate, con importantes desafíos aún por enfrentar. Este contexto subraya la necesidad de un compromiso renovado tanto de las organizaciones sindicales como de los patrones, así como de la implementación de un cambio cultural que apoye un entorno laboral más justo y participativo.
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