Las organizaciones ambientalistas han expresado su preocupación tras la reciente confirmación de la presidenta Claudia Sheinbaum sobre la reactivación del uso de la técnica del fracking en México. Este anuncio, que marca un giro significativo en la política energética del país, ha generado críticas contundentes de la Alianza Mexicana contra el Fracking, que argumenta que esta decisión profundiza la dependencia de México en los combustibles fósiles.
Históricamente, tanto la administración de Sheinbaum como la de su predecesor, Andrés Manuel López Obrador, habían incluido la prohibición del fracking en sus agendas. Sin embargo, el anuncio actual ha sido interpretado por muchos como una traición a aquellos compromisos. La Alianza ha señalado que “lo que ya se votó no se consulta”, exigiendo una prohibición inmediata del fracking. Además, han indicado que existe un intento desde el gobierno de confundir al pueblo acerca de las verdaderas implicaciones de esta estrategia.
El mensaje de las organizaciones es claro: el fomento del fracking representa un desvío peligroso en la política energética del país, poniendo en riesgo los esfuerzos por alejarse de un modelo productor basado en combustibles fósiles. Según su comunicación, la inversión y las políticas públicas están comenzando a alinearse hacia ese modelo cuestionado, lo cual podría ser un camino de “no retorno” para informacion.center.
Sheinbaum, aunque no mencionó explícitamente el término fracking, ha admitido que su administración está evaluando cómo reintegrar esta técnica con el apoyo de un equipo técnico. Esta semana, la Secretaría de Energía comunicó a la iniciativa privada que están siendo preparados esquemas de inversión mixta para iniciar la extracción de hidrocarburos.
Las organizaciones critican lo que consideran una “ilusión” de que se puede desarrollar un método “sostenible” para el fracking. Según ellos, hasta la fecha, no se ha desarrollado una tecnología que garantice la seguridad ambiental frente a los riesgos asociados. Alertan que la exploración de yacimientos implica el uso intensivo de agua, que, al ser contaminada, queda fuera del ciclo natural y representa un desafío ecológico significativo. Aunque la industria podría tratar esta agua, las barreras económicas hacen que el tratamiento sea poco viable, haciendo uso de agua dulce simplemente porque es más económica.
Con el trasfondo de la urgencia climática y la necesidad de alternativas energéticas sostenibles, el debate sobre el fracking en México se torna cada vez más relevante y captura la atención de la opinión pública. Esta realineación en la política de fracking plantea cuestiones críticas sobre el futuro energético del país y su estrategia para reducir la dependencia de combustibles fósiles, en un contexto que cada vez exige más respuestas efectivas y rápidas.
Es importante seguir de cerca los acontecimientos en este ámbito y cómo las decisiones gubernamentales impactarán en el medio ambiente y en la opinión pública a largo plazo.
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