En una ceremonia conmovedora llevada a cabo el 3 de abril de 2026, el papa León presidió una vigilia a la luz de las velas en el emblemático Coliseo de Roma. Este evento congregó a miles de católicos, quienes se unieron en oración por los inmigrantes deportados y los huérfanos de guerra, en un claro llamado a la acción y la reflexión. Durante la celebración del Viernes Santo, un día que recuerda la crucifixión de Jesús, el pontífice emitió un mensaje fuerte y resuelto: las decisiones de los líderes mundiales serán finalmente juzgadas por Dios.
León, el primer papa estadounidense, ha emergido como una voz crítica en la discusión sobre la guerra contra Irán. Su atención estaba fija en las meditaciones espirituales que se leían en voz alta en el antiguo anfiteatro, donde se enfatizaba la responsabilidad de quienes ostentan poder. “Toda persona con autoridad tendrá que rendir cuentas a Dios por la forma en que ejerce su poder”, se leyó, destacando el peso moral que implica el inicio o la culminación de una guerra y la capacidad de optar por la violencia o la paz.
A lo largo de la ceremonia, que incluyó la tradicional procesión del Vía Crucis, el papa cargó una gran cruz de madera, deteniéndose en puntos significativos del Coliseo para escuchar lecturas bíblicas y meditaciones. Estas reflexiones, elaboradas por un sacerdote italiano seleccionado especialmente para esta ocasión, giraron en torno a temas de justicia social, sin señalar específicamente a ningún líder mundial.
Los miles de fieles que participaron, tanto dentro del Coliseo como en las calles empedradas circundantes, elevaron oraciones por los refugiados, las víctimas de la trata de personas y los presos políticos. También recordaron a aquellos que han perdido la vida en conflictos armados, reflejando el impacto de las decisiones políticas en la vida cotidiana de las personas. El ambiente era de profunda unidad y compasión, una respuesta a las dificultades que enfrenta el mundo actual.
León ha criticado abiertamente las políticas migratorias de dureza del presidente estadounidense Donald Trump, cuestionando su alineación con las enseñanzas sobre la vida y la dignidad humana de la Iglesia. Este contexto resuena con la urgencia de la vigilia y refuerza el compromiso del papa con una visión humanitaria que busca justicia y paz en lugares de sufrimiento.
Esta significativa ceremonia en el Coliseo no solo fue un recuerdo de la crucifixión de Jesús, sino también una llamada a la acción para la compasión y la justicia en un mundo que a menudo parece perdido en la indiferencia. En un momento donde la lucha por la dignidad humana es más relevante que nunca, el papa León se reafirma como una figura emblemática que invita a la reflexión sobre el poder y la responsabilidad de cada individuo ante el sufrimiento global.
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