En poco más de una semana, México ha logrado importantes avances en su colaboración con Estados Unidos al capturar a dos criminales considerados objetivos prioritarios por el FBI. Estas detenciones se han producido en el contexto de una visita de Kash Patel, director de la agencia federal, un representante destacado de la línea más dura del trumpismo. Este panorama se complica aún más por la reciente entrega de 37 líderes del crimen organizado y la presión creciente sobre el gobierno mexicano en un momento crítico para las relaciones bilaterales.
La administración de Claudia Sheinbaum ha intensificado sus esfuerzos en materia de seguridad, realizando capturas significativas y desmantelamientos de laboratorios de drogas, lo cual es crucial ante la inminencia de las elecciones intermedias en Estados Unidos. El gobierno mexicano espera que cada éxito en seguridad sirva para apaciguar al cada vez más impredecible presidente estadounidense, quien busca elevar su popularidad en vísperas de los cruciales comicios que renovarán ambas cámaras del Congreso.
Entre las recientes detenciones destaca la de Alejandro Rosales Castillo, sujeto a una orden de arresto por el homicidio de una mujer en Carolina del Norte en 2016. Por otro lado, el exatleta olímpico canadiense Ryan Wedding, también buscado por tráfico de drogas y homicidios, fue extraditado a Estados Unidos tras entregarse en la embajada estadounidense en México. Wedding, quien había estado oculto en México durante más de una década, es acusado de llevar a cabo una operación transnacional de tráfico de cocaína vinculada al Cartel de Sinaloa. Ambos estaban en la lista de los diez fugitivos más buscados por el FBI.
La sólida relación entre el gabinete de seguridad mexicano y el FBI ha facilitado estos operativos conjuntos. Omar García Harfuch, secretario de Seguridad, confirmó que Patel se fue a Estados Unidos llevando consigo a ambos primer nivel de criminales. En este marco, Patel mantuvo reuniones con el equipo de Harfuch y con la Fiscalía General de la República, donde también participó el embajador Ronald Johnson.
Cada uno de estos movimientos es parte de una estrategia comunicativa diseñada para resaltar los logros en la política de seguridad mexicana, tanto a nivel interno como en su relación con Estados Unidos. Los comunicados del gobierno reiteran el compromiso mutuo en la lucha contra el crimen, enfatizando el respeto a la soberanía nacional. Sheinbaum mencionó, por ejemplo, que un reciente envío de un avión militar al Aeropuerto Internacional de Toluca está en el contexto de un programa de capacitación para las fuerzas policiales en México, regulado por las normativas de seguridad nacional.
La retórica diplomática en este contexto se mantiene, a pesar de las presiones constantes desde el norte del Río Bravo. Johnson ha descrito la relación actual como la más cooperativa en varias décadas, atribuyendo los recientes avances a la colaboración sin precedentes entre la administración de Trump y el gobierno de Sheinbaum. Sin embargo, la fiscal general estadounidense, Pam Bondi, ha enfocado la respuesta a estas entregas desde una perspectiva electoral, calificando como un triunfo los esfuerzos por desmantelar los carteles.
Por su parte, Sheinbaum ha insistido en que las decisiones sobre estas entregas fueron evaluadas teniendo en cuenta consideraciones de seguridad nacional, reconociendo la influencia del Departamento de Estado en cada caso. Así, México busca navegar por un camino delicado, reforzando sus vínculos con Estados Unidos mientras enfrenta las complejidades de su entorno interno y la presión internacional.
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