Todo parecía marchar bien en la vida de Luis de Tavira, un joven dramaturgo de 20 años, cuando una escena romántica en una de sus obras desató un dilema inesperado. En el escenario, el personaje masculino debía flirtear y finalmente besar a la protagonista, pero su nerviosismo lo llevó a exclamar: “¡Es que yo tengo votos de castidad!”. Este episodio ocurrió mientras Tavira se encontraba en la Universidad de Filosofía y Letras de la UNAM, a la vez que iniciaba su camino hacia la vida religiosa como jesuita.
Con el tiempo, el deseo de servir y educar nunca abandonó a Tavira, quien se ha convertido en un referente contemporáneo en el teatro mexicano. A sus 78 años, sigue activo en la escritura y dirección, trabajando actualmente en una obra que explora la historia de un jesuita vasco que vivió la bomba atómica de Hiroshima.
Hijo de un aristócrata español, su vida familiar se vio marcada por su llegada a México en medio de la Revolución. Su padre, tras escapar de la Guerra Civil Española con la ayuda de un salvoconducto, fundó una familia que se relacionaría estrechamente con los jesuitas. La historia de su padre, que salió de España sin apenas nada y llegó a ser abogado, refleja una vida llena de contradicciones entre su deseo de riqueza y su compromiso con la honestidad.
Desde joven, Tavira mostró inclinaciones hacia la religión, pero su padre se opuso a su deseo de convertirse en sacerdote. A pesar de esta resistencia, Tavira decidió dejar un legado de amistad y seguimiento en su vida. Su encuentro con el teatro fue accidental, atraído por la narrativa de grandes autores como Sófocles y la rica tradición literaria.
La Universidad de la UNAM fue el escenario del movimiento estudiantil de 1968 en México, un periodo que marcó profundamente a Tavira. Este tumulto le ofreció un nuevo entendimiento del arte y su papel en la sociedad. La influencia de su maestro, Héctor Mendoza, le permitió explorar la ficción teatral más allá de una simple representación, abriendo puertas a nuevas concepciones sobre el teatro como una forma de vida.
Mendoza también lo llevó a dirigir, una experiencia que comenzó en momentos de gran crecimiento personal y artístico. El Centro Universitario de Teatro fue fundado bajo su liderazgo, buscando formar actores en un marco de renovación que privilegiara la práctica sobre la teoría.
Durante su carrera, Tavira enfrentó la censura en varias ocasiones. Uno de los episodios más memorables ocurrió cuando intentó llevar teatro a los trabajadores en medio de una huelga en Saltillo, Coahuila. Esta experiencia directa con la represión le mostró el poder del arte en contextos sociales complejos. A lo largo de su trayectoria, continuó relacionándose con movimientos sociales, como el zapatismo, lo que refleja su compromiso con la construcción comunitaria.
A lo largo de sus años dedicados al teatro, Luis de Tavira ha formado a generaciones de actores y dramaturgos, dejando una huella indeleble en la tradición teatral mexicana. Su obra y su vida son un testimonio de cómo el arte no solo representa la vida, sino que también puede influir en ella, convirtiéndose en un vehículo de cambio y esperanza. En un mundo donde la voz del arte a menudo se ve amenazada, su legado sigue vigente, recordándonos la importancia de la creatividad en la lucha por un futuro mejor.
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