Durante la tarde del 26 de marzo de 2026, el estado de Guanajuato se vio sacudido por la trágica noticia del asesinato de Roberto Castañeda Tejada, quien se desempeñaba como director de la Junta de Agua Potable y Alcantarillado de Irapuato (JAPAMI). Su muerte fue confirmada a través de las redes sociales de la alcaldesa de Irapuato, Lorena Alfaro, marcando un nuevo luctuoso episodio en la escalofriante realidad de la violencia en la región.
Los hechos ocurrieron en el Barrio de San José, donde Castañeda se encontraba a bordo de su camioneta cuando fue atacado. Según informes, la agresión sucedió mientras circulaba por la calle Díaz Ordaz. Tras recibir el aviso al número de emergencias 911, la Secretaría de Seguridad Ciudadana implementó un operativo en la zona con la finalidad de dar con los perpetradores del crimen, aunque hasta el momento no se han reportado novedades sobre su paradero.
Es fundamental destacar que apenas cuatro días antes de su asesinato, el titular de JAPAMI había participado en la inauguración de una nueva planta de tratamiento de aguas residuales, un proyecto que prometía mejorar la infraestructura del municipio. Este contexto resalta el impacto y la importancia del trabajo de Castañeda en su comunidad.
La alcaldesa Alfaro no tardó en expresar su indignación y tristeza. A través de un mensaje en las redes sociales, condenó el asesinato y reafirmó su compromiso de coordinar esfuerzos con la Fiscalía General del Estado para esclarecer el crimen y llevar a los responsables ante la justicia. En sus palabras, ofreció su apoyo a la familia y amigos de Castañeda, reflejando la profunda pérdida que siente la comunidad.
Este suceso subraya una vez más los retos que enfrenta Irapuato y Guanajuato en términos de seguridad y violencia. La muerte de un servidor público comprometido con el bienestar de su ciudad no solo es un duro golpe para su familia y amigos, sino un recordatorio de la urgencia de encontrar soluciones efectivas ante la creciente ola de criminalidad en la región.
A medida que las investigaciones avanzan, la población local espera respuestas y el restablecimiento de la seguridad que les permita vivir sin miedo. La lucha por la justicia y la paz sigue vigente, mientras Irapuato se sumerge en el dolor de esta trágica pérdida.
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