Malasia ha tomado la decisión de suspender el acceso al chatbot Grok, una herramienta de inteligencia artificial integrada en la red social X, propiedad de Elon Musk, la cual había sido objeto de controversia por su capacidad para generar contenido pornográfico. Esta medida se anunció el domingo, tras la alarma levantada por el uso indebido de la función que permite a los usuarios manipular imágenes de manera que sexualizan a mujeres y niños mediante simples indicaciones de texto.
En este contexto, Indonesia se convirtió en el primer país en restringir el acceso a Grok, que, hasta la fecha, había estado disponible principalment para suscriptores de pago en otras naciones. La Comisión de Comunicaciones y Multimedia de Malasia, en un comunicado oficial, declaró que se había “ordenado una restricción temporal del acceso a la inteligencia artificial de Grok” con efecto inmediato, evidenciando la creciente preocupación por el contenido generado por esta tecnología.
La alarma sobre Grok creció debido a la reiterada generación de imágenes que pueden considerarse obscenas, sexualmente explícitas e incluso indecentes, sin el consentimiento de las personas representadas. Esta situación plantea preguntas importantes sobre el uso ético de la inteligencia artificial y la responsabilidad de las plataformas digitales en el control del contenido que permiten a sus usuarios crear.
Desde ladirección de la Comisión, se enfatizó que “esta medida se produce tras el uso indebido reiterado de Grok”, lo que subraya la urgencia de abordar estas cuestiones en un mundo cada vez más digitalizado. La situación abre un debate más amplio sobre la regulación de la inteligencia artificial y los límites necesarios para proteger a los individuos, especialmente a los más vulnerables, frente a la explotación potencial de estas herramientas.
La controversia en torno al chatbot Grok no es aislada. A medida que la tecnología avanza, también lo hacen las dudas sobre su uso responsable y el impacto que puede tener en la sociedad. Con medidas como la que ha tomado Malasia, se refuerza la necesidad de un marco regulatorio global que contemple tanto la innovación como la protección de los derechos humanos en el ámbito digital.
Como actualización, este acontecimiento se da a conocer en el contexto de enero de 2026, reflejando la creciente urgencia por regular el uso de la inteligencia artificial en el entorno digital y su capacidad para influir en las dinámicas sociales y éticas contemporáneas.
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