La historia del narcotraficante más buscado del mundo culmina de manera dramática en un bosque de la sierra de Jalisco. Herido de muerte y armado con un lanzacohetes, Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como El Mencho, encontró su final en la madrugada del 22 de febrero de 2026. Su carrera de cuatro décadas en el narcotráfico había dejado una huella profunda, construyendo un imperio criminal que encarna al Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
La caída de Oseguera se logró gracias a años de recopilación de información por parte de las fuerzas especiales del Ejército mexicano. Fue un proceso arduo y complicado, donde la inteligencia jugó un papel crucial. El secretario de Defensa, Ricardo Trevilla, enfatizó la dificultad de desentrañar el mundo violento que rodea a estos criminales. En esta ocasión, Estados Unidos proporcionó información valiosa que permitió afinar la ubicación de El Mencho, confirmando las pistas que apuntaban a Tapalpa, un pequeño pueblo de unos 20,000 habitantes.
El 20 de febrero, las autoridades mexicanas recibieron una pista decisiva: una de las parejas del Mencho iba a ser trasladada a su refugio. Este dato, obtenido a través de la vigilancia de un contacto de la mujer, resultó ser clave. Con el despliegue de seis helicópteros y un fuerte operativo terrestre, las fuerzas especiales se prepararon para actuar, posicionándose estratégicamente para mantener el secreto y asegurar la sorpresa en la intervención.
Cuando las fuerzas llegaron al refugio, se desató un violento intercambio de disparos. Los hombres de Oseguera respondieron a la frustración con ataques armados, pero quedaron abrumados por la respuesta militar, resultando en la muerte de ocho delincuentes y heridas para dos soldados. En medio del caos, El Mencho y algunos de sus más leales colaboradores lograron huir al bosque circundante. Sin embargo, pronto fueron localizados y se produjo un segundo intercambio de tiro, donde el líder del CJNG fue también herido.
Aunque el ejército esperaba trasladarlo a un hospital en Guadalajara, la situación se tornó crítica. Oseguera y sus escoltas sucumbieron a sus heridas antes de ser trasladados, lo que obligó a cambiar el destino del helicóptero hacia Morelia. Al mismo tiempo, la reacción del CJNG a la muerte de su líder fue inmediata y devastadora. Hugo César Macías, apodado El Tuli, organizó bloqueos y actos violentos, reflejando una respuesta descontrolada que se extendió por diversas regiones del país.
El saldo humano de estos eventos fue contundente: al menos 72 muertes documentadas, que incluyeron a 45 miembros del crimen organizado, 26 agentes de seguridad y una civil. La violencia se propagó como un incendio, con notables enfrentamientos en Jalisco y Michoacán, donde resultaron lesionados numerosos militares.
La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, destacó el trabajo del Ejército y su valentía al afrontar estos desafíos. Afirmó que, a pesar de la explosión de violencia, la situación se estaba controlando y los bloqueos en las carreteras estaban siendo levantados. Con la caída de El Mencho, se abre un nuevo capítulo en la lucha contra el narcotráfico, anticipando un reacomodo dentro de las estructuras criminales que han asediado al país durante años.
En resumen, el destino del narcotraficante más buscado del mundo no solo impactó en su círculo inmediato, sino que reverberó en el tejido social y de seguridad de México. La era de El Mencho terminó, pero las cicatrices de su imperio aún son visibles en una nación que sigue lidiando con los efectos de la violencia organizada.
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