A poco más de dos meses del Mundial, el 28 de marzo de 2026, se llevó a cabo un partido amistoso entre México y Portugal en la ciudad, sirviendo como simulacro para evaluar la logística del evento internacional. Más de 8,800 policías y 2,000 miembros de la Secretaría de la Defensa Nacional y la Marina se desplegaron para garantizar la seguridad, anticipándose a manifestaciones en contra del evento de la FIFA. En la zona de Periférico Sur, se produjo una de las protestas más significativas, donde activistas pintaron dos canchas de fútbol en la carretera principal, denunciando el despojo y la gentrificación provocados por el Mundial.
Uno de los principales protagonistas de estas manifestaciones es el artista Vlocke Negro, originario de Ciudad Nezahualcóyotl, quien ha utilizado su arte como símbolo de resistencia. Con más de 20 años de experiencia, su obra ha estado marcada por el activismo social y la crítica al capitalismo. Durante la protesta, Vlocke se presentó con un jersey que representaba a mujeres indígenas encapuchadas y un balón con la imagen de Donald Trump, utilizando el humor para ridiculizar a las figuras de poder. En sus propias palabras, “El grafiti es un tipo de arte incómodo que es borrado”, y resalta la importancia de ocupar el espacio público como forma de resistencia.
La carrera de Vlocke Negro comenzó en la Universidad Nacional Autónoma de México, donde combinó su interés en las ciencias políticas con el arte. A través de su obra, ha respaldado numerosos movimientos sociales, como el de Oaxaca y el movimiento Okupa, mostrando su habilidad para fusionar el arte con la política. La reciente controversia por el Mundial lo ha motivado a visibilizar el lado oscuro del capitalismo detrás del evento, aludiendo a cómo la FIFA y su relación con Estados Unidos impacta negativamente en la vida de los habitantes locales.
A pesar de que su arte ha sido exhibido en diversos países, Vlocke enfrenta desafíos significativos en México, donde la crítica del público y las barreras institucionales son palpables. Sin embargo, su obra continúa resonando, mezclarando tradición y modernidad, mientras busca la preservación de su trabajo en espacios donde pueda ser apreciado con el tiempo. Aunque muchos de sus murales no perduran, Vlocke mantiene viva la esperanza de que algún día su legado sea reconocido y protegido.
Su enfoque creativo destaca no solo la lucha personal, sino también una necesidad colectiva de dar voz a quienes han sido marginados en el contexto de grandes eventos deportivos. La interacción entre su arte y el activismo social sigue desafiando el orden establecido, convirtiendo la ciudad en un espacio de resistencia.
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