El 6 de enero de 2026, el panorama del Poder Judicial en México sufrió un cambio inesperado. Lorena Josefina Pérez Romo decidió renunciar a su puesto en el Órgano de Administración Judicial (OAJ) después de solo cuatro meses en el cargo. Aunque su salida no ha sido claramente explicada, se han levantado acusaciones sobre irregularidades económicas y una lucha de poder en el interior del organismo, especialmente en relación con su titular, Néstor Vargas. Este último afirmó no conocer las razones detrás de la decisión de Pérez Romo, un misterio que ahora envuelve su abrupta salida.
La renuncia de Pérez Romo es especialmente crítica, ya que ella fue una de las tres personas elegidas por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Con su partida, se ha abierto una lucha por el control del OAJ, lo que pone en jaque a la estructura del Poder Judicial. Hugo Aguilar, presidente de la SCJN, indicó que se anunciará un reemplazo en breve, aunque hasta la fecha no se ha propuesto ningún nombre.
La reforma judicial impulsada por el presidente Andrés Manuel López Obrador tenía como objetivo redistribuir el poder dentro del sistema. Hasta septiembre del año anterior, el presidente de la SCJN controlaba el Consejo de la Judicatura Federal. Sin embargo, las modificaciones implementadas separaron estos roles, creando un Tribunal de Disciplina y dejando al OAJ con la administración del presupuesto. Esta nueva estructura debilitó la autoridad del presidente de la Corte, quién ahora se encuentra rodeado de tensiones y conflictos internos.
Desde la elección de Pérez Romo y sus dos colegas —la consejera nacional por los Pueblos Indígenas, Catalina Ramírez, y José Alberto Gallegos Ramírez—, las decisiones se han vuelto más complicadas. El actual liderazgo ha enfrentado críticas y sugiere que las tensiones están rebasando los ámbitos internos y alcanzando la esfera pública. En uno de los debates recientes, la ministra Lenia Batres desestimó las contribuciones de sus colegas, marcando una señal de desunidad y tensiones entre los miembros de la Corte.
La incapacidad para llegar a un acuerdo se ha reflejado en la elección del nuevo integrante del OAJ tras la salida de Pérez Romo. A más de tres semanas de su renuncia, la falta de consenso ha dejado el puesto vacante. La rapidez con la que se llegó a un acuerdo en su elección podría contrarrestar la actual parálisis, y la situación refleja cómo se han transformado las dinámicas de poder en el ámbito judicial.
Pérez Romo, quien previamente había sido candidata para ministra de la SCJN, dejó la presidencia de su puesto sin una explicación clara. Néstor Vargas, en una reciente conferencia, comentó que no sabía de ninguna denuncia o presión detrás de la renuncia, aunque la falta de transparencia ha generado inquietud entre litigantes y observadores. Los rumores sobre irregularidades económicas incluso sugieren que su salida podría estar relacionada con una lucha por el poder dentro del OAJ.
En este contexto, se están barajando nombres para sustituir a Pérez Romo, entre ellos Greysi Muñoz, asesora de Hugo Aguilar, y Natalia Téllez, magistrada anticorrupción. La decisión final revelará no solo las estructuras de poder dentro del OAJ, sino también las intenciones y el camino futuro del Poder Judicial en México.
La expectación es palpable, y en las próximas semanas, la renovada composición del OAJ podría traer consigo un cambio significativo en la dinámica del sistema judicial. Una espera que, en medio de la incertidumbre, marca un nuevo capítulo en la historia del poder en informacion.center.
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