Frente al creciente impacto de la inteligencia artificial (IA) en nuestras vidas, aparece un debate renovado entre dos visiones fundamentales: la de los apocalípticos, que predicen una deshumanización total, y la de los integrados, que ven en la IA una herramienta para mejorar la condición humana. Esta discusión se intensifica en el contexto educativo, donde figuras como Fernanda Llergo Bay, doctora en Filosofía y Letras y rectora de la Universidad Panamericana y del IPADE, abogan por un uso equilibrado de estas tecnologías.
Durante el IFE Conference 2026, Llergo hizo hincapié en la relevancia de la IA, subrayando que no debe ser una entidad absoluta, sino una herramienta guiada por el criterio humano. La omnipresencia de la IA en empresas y universidades hace que su dominio sea imperativo, no solo en términos de conocimiento, sino de un manejo crítico y consciente. “No puede haber nadie que no tenga dominio de la inteligencia artificial”, enfatizó, reflejando la necesidad de una comprensión profunda que merezca un lugar protagónico en la educación universitaria.
En su análisis, Llergo destacó tres argumentos clave que deberían regir la aplicación de la IA en el contexto universitario. Primero, es imperativo mantener la IA supeditada a un criterio claro, de modo que sirva a una visión específica de los perfiles de alumnos que se desea formar. Esto requiere una reflexión profunda sobre el propósito de la educación y su relevancia en la sociedad actual.
En segundo lugar, la rectora abordó la pérdida de esencia que han sufrido las universidades contemporáneas. Afirma que estas instituciones, que históricamente han sido generadoras de conocimiento, se han fragmentado en especialidades que muchas veces responden a demandas de mercado más que a una verdadera integración del saber. La era de la hiperespecialización y las microcredenciales, según Llergo, ha distorsionado la misión fundamental de la universidad, que debería ser un espacio de pensamiento crítico y reflexión.
Finalmente, Llergo subrayó la importancia del vínculo humano en el proceso educativo. Mientras que la IA puede ofrecer recursos y herramientas, no puede reemplazar la relación entre profesor y estudiante, que es crucial para el desarrollo personal y académico de los futuros profesionales. “La gente está deseando humanidad”, afirmó, basándose en encuestas que revelaron que el 80% de los estudiantes recordaron un encuentro humano significativo en sus vidas académicas, más que cualquier interacción con la tecnología.
En conclusión, el mensaje de Fernanda Llergo Bay resuena con fuerza en un momento crucial para el futuro de la educación. La inteligencia artificial, si bien necesaria, debe ser utilizada con criterio y siempre bajo la guía de la humanidad, pues es en ese balance donde se encuentra el verdadero potencial para transformar la enseñanza y el aprendizaje en el siglo XXI.
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