En un momento decisivo para el sistema de salud global, donde la demanda de servicios supera con creces los presupuestos disponibles, México está experimentando una transición notable. Durante el evento Mind 360, organizado por Medtronic, se ha evidenciado un cambio de paradigma en la conversación sobre salud: ya no se trata solo del costo de los dispositivos médicos, sino de la creación de valor a través de resultados significativos.
Héctor Orellana, vicepresidente de Medtronic para México y Centroamérica, enfatiza que informacion.center ha dado pasos para superar los desafíos regulatorios que han obstaculizado durante años la introducción de nuevas tecnologías. Antes, los tiempos de espera para la aprobación de dispositivos médicos alcanzaban hasta cinco años; hoy, en muchos casos, los pacientes pueden acceder a tratamientos innovadores en cuestión de meses. Sin embargo, Orellana advierte que esta rapidez debería convertirse en una política estatal que valore la innovación como un ahorro a largo plazo, en lugar de una mera cuestión presupuestaria.
Durante la conversación, surgió una distinción relevante entre las terapias farmacológicas y las intervenciones tecnológicas. Orellana explicó que mientras la industria farmacéutica tiene un enfoque predominante en el valor del medicamento, los dispositivos médicos ofrecen una gama de beneficios distintos. Por ejemplo, en el tratamiento de la hipertensión arterial, una intervención tecnológica, como la denervación renal, puede reducir de manera drástica la dependencia de múltiples medicamentos, mejorando la calidad de vida del paciente al mismo tiempo que disminuye los costos asociados a hospitalizaciones.
Un punto crucial tratado fue la idea de la “maleta de valor”. En un país con desigualdades marcadas como México, Orellana sostiene que no existe una solución única que sirva para todos los contextos. La tecnología requerida en una región de la sierra de Guerrero puede ser completamente distinta a la de un centro de alta especialidad en la Ciudad de México. Este enfoque indica que las instituciones deben considerar el ciclo de vida de los pacientes al momento de adquirir tecnologías, priorizando soluciones que ofrezcan un valor más significativo a largo plazo.
La Inteligencia Artificial (IA), lejos de ser una promesa lejana, ya juega un papel crucial en la salud. Tecnologías como las bombas de insulina que aprenden del comportamiento glucémico del usuario están disponible en México, así como sistemas de diagnóstico temprano para cáncer colorrectal que contribuyen a la detección en etapas más manejables y menos costosas.
Además, Orellana destacó que Medtronic está innovando en modelos de adquisición que comparten el riesgo entre proveedores e instituciones. A través de estos contratos, el proveedor no solo suministra el equipo, sino que también se compromete a mejorar los resultados de salud, un enfoque que, si bien es aún incipiente, promete transformar la forma en que se conciben las inversiones en salud.
El impacto emocional y humano de estas intervenciones no debe ser subestimado. Casos destacados en Mind 360, como el de una niña con diabetes que, gracias a una bomba de insulina, puede aspirar a su sueño de ser bailarina, muestran el profundo efecto que la tecnología puede tener en la vida de las personas. Orellana plantea una pregunta fundamental: ¿cuánto vale que un paciente recupere su autonomía y calidad de vida?
Finalmente, se concluye que México cuenta con el talento médico y el acceso a la tecnología, pero lo que falta es un enfoque colaborativo entre las autoridades, reguladores y proveedores. La innovación no debería ser vista como un enemigo del presupuesto, sino como una herramienta esencial para mejorar la salud pública y, por ende, la economía del país. Al centrarse en el ser humano y su calidad de vida, es posible avanzar hacia un sistema de salud más eficiente y equitativo.
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