Antonio Ortuño, un destacado escritor de 50 años originario de Zapopan, recuerda su adolescencia marcada por un intenso descontento. En una charla reciente, reflexionó sobre su juventud, donde su repulsión hacia el PRI también reflejaba un deseo de cambio. Lo que comenzó como un manuscrito guardado en un cajón se transformó en su primera novela, El amigo muerto, que ha sido revisitada recientemente con un enfoque renovado y una intención clara: evitar el arrepentimiento y no caer en la nostalgia.
Ortuño presenta una narrativa intrigante en la que un joven es víctima de un disparo durante un altercado en el negocio familiar, lo que desencadena una serie de eventos en los que desde el más allá intenta comunicarse con su mejor amigo. Con una mezcla de costumbrismo y fantasía, el autor se sumerge en una exploración de la identidad y las relaciones en la juventud, abordando el papel que juega la familia en contraste con los amigos.
A lo largo de su carrera, Ortuño ha publicado más de veinte obras, lo que le ha otorgado una perspectiva valiosa que antes le faltaba. Ahora busca “contar una buena historia” con un enfoque más sutil y deliberado, en lugar de la crudeza con la que solía abordar la escritura. Este cambio se refleja en su propio proceso creativo, describiéndolo como pasar de escribir “con un martillo” a usar un “gotero”.
Recientemente, Ortuño ha llegado a la Ciudad de México para promocionar su obra, enfrentando las consecuencias de un ambiente de inseguridad creciente en su estado natal, Jalisco. Las cicatrices de una realidad violenta son parte de su vida, habiendo sido testigo desde joven de actos de brutalidad. Su perspectiva sobre la violencia en México es sombría, describiéndola como una constante que combina tragedia y alegría.
Además, ha expresado su escepticismo respecto a la próxima Copa del Mundo de fútbol, que se celebrará en México y Estados Unidos. La situación en su país, con altos índices de desaparecidos y un entorno caótico, le hace dudar de si este evento puede realmente enmascarar la realidad del país.
A lo largo de su recorrido, Ortuño ha trabajado como periodista, un oficio que no busca para sí mismo, pero del que reconoce haber aprendido valiosas lecciones sobre lidiar con la realidad. Su visión sobre la literatura es clara y directa: aunque no puede cambiar el presente de inmediato, la narrativa puede ayudar a entender y, en ocasiones, a reflexionar sobre el pasado.
En una nueva aventura literaria, está retomando un proyecto sobre Guadalajara en el siglo XVI, un tiempo del que siente curiosidad y que busca explorar para entender mejor sus raíces. Esta obra se suma a su vasta producción literaria, que refleja un compromiso por describir su entorno con honestidad, a la vez que desafía la percepción común de la relación entre la violencia y la vida diaria en México.
Ortuño sigue enfrentando su narrativa y su realidad con una voz única, honesta y reflexiva, como un llamado a explorar y cuestionar todo lo que les rodea. En estos tiempos de cambios y desafíos, su literatura se convierte en un espacio para la reflexión y la búsqueda de la verdad en medio de la complejidad del ser mexicano.
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