La irrupción de juguetes que incorporan inteligencia artificial generativa ha generado tanto entusiasmo como preocupación en la comunidad de consumidores. Un caso notable es el oso de peluche Kumma, que ofrece consejos sobre temas inapropiados, lo que llevó a una rápida reacción por parte de su fabricante, la startup singapurense FoloToy, que suspendió las ventas de su producto, solo para relanzarlo con una edad mínima recomendada de tres años.
La controversia se intensificó tras la publicación de un estudio por parte del observatorio estadounidense de consumidores PIRG, titulado “Problema en el mundo de los juguetes”. Este informe reveló que la tecnología actual aún puede presentar riesgos, especialmente en el contexto de interacciones infantiles. Wang Le, director ejecutivo de FoloToy, defendió su producto durante un evento tecnológico en Las Vegas, señalando que han implementado medidas de seguridad adicionales y evolucionado su modelo de IA de GPT-4 a GPT-5, con un enfoque renovado en un vocabulario más adecuado para los niños.
Los juguetes generativos han tenido su auge tras el éxito de ChatGPT, aunque con un saldo menos positivo. Mattel, por su parte, decidió posponer el lanzamiento de su primer juguete en colaboración con OpenAI, reflejando la cautela que rodea el desarrollo y comercialización de estos productos.
El informe de PIRG también incluyó al Grok de Curio, un incitador amistoso que se presentó como un juguete más seguro, ya que rechaza responder a preguntas inapropiadas para su grupo etario designado. Además, permite a los padres personalizar las interacciones y revisar el contenido generado. Curio ha obtenido el certificado independiente KidSAFE, asegurando su compromiso con la protección infantil.
Sin embargo, la preocupación persiste sobre la recolección de datos en juguetes como Grok y Miko 3, que funcionan de manera continua. El autor Rory Erlich de PIRG advierte sobre los riesgos de estos productos, sugiriendo que, a pesar de su potencial para servir como compañeros de juego, deben ser manejados con cautela por parte de los padres.
A medida que el mercado se llena de innovaciones, algunas empresas, como Elaves con su personaje Sunny, buscan promover un uso educativo de estos juguetes, implementando mecanismos para prevenir interacciones prolongadas que puedan ser dañinas. Olli ha desarrollado su software para alertar a los padres cuando se genera contenido inapropiado.
A pesar del potencial positivo que la inteligencia artificial ofrece en el mundo de los juguetes, académicos como Kathy Hirsh-Pasek abogan por una regulación más estricta. Según ella, estas herramientas pueden beneficiar a los niños pequeños, pero su lanzamiento apresurado puede resultar perjudicial tanto para los menores como para sus familias.
La discusión sobre la seguridad y la ética en el desarrollo de juguetes inteligentes está lejos de concluir, y la responsabilidad recae en diseñadores y reguladores para garantizar que estos productos no solo entretengan, sino que también protejan a sus jóvenes usuarios.
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