Joe Biden se ha examinado este martes ante la Asamblea General de la ONU de su agenda exterior, cuestionada en las últimas semanas por la crisis de Afganistán y la de los submarinos nucleares. Con una decidida apuesta por el multilateralismo, el presidente de EE UU ha defendido la cooperación internacional para enfrentar amenazas globales como el cambio climático y la pandemia de covid-19, los titulares iniciales de su mensaje, pero también ha abordado una amplia gama de asuntos internacionales, desde su apoyo a la solución de los dos Estados para el conflicto israelo-palestino a la lucha contra el hambre en el mundo.
Apenas siete meses después de llegar a la Casa Blanca, Biden hizo de su discurso una declaración de intenciones no exenta de respuestas y explicaciones a las críticas de sus aliados, irritados por la desbandada de Afganistán o el pacto contra China en el Pacífico. Pero también ha pretendido sonar esperanzado, descartando la existencia o aun el riesgo de una nueva guerra fría entre Occidente y China.
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El mensaje más potente, adelantado la víspera por la Casa Blanca, fue precisamente el dirigido a China, aunque sin nombrarla. “No estamos buscando una nueva guerra fría, ni un mundo dividido en bloques rígidos, pero EE UU se opondrá a cualquier intento por parte de países poderosos de dominar a los que son más débiles”, dijo. La única referencia explícita a Pekín fue de soslayo: “Debemos denunciar abusos como los de Xinjiang y Etiopía”. El régimen chino está en el punto de mira de la comunidad internacional por la represión de los uigures, la mayoría musulmana de la región. La Administración de Biden adoptó nuevas sanciones este mismo lunes por el conflicto en curso en la región etíope de Tigray.
La Casa Blanca ha sido categórica a la hora de rechazar los temores de una reedición del conflicto entre bloques que definió parte del siglo XX, alentados este fin de semana por António Guterres, secretario general de la ONU. Pero la disonancia entre Washington y el jefe de la diplomacia global parece persistir, a juzgar por las declaraciones del portugués este martes: “El mundo nunca ha estado tan amenazado ni tan dividido (…) Me temo que nos estamos deslizando hacia dos conjuntos diferentes de factores económicos, normas comerciales, financieras y tecnológicas, dos enfoques divergentes en el desarrollo de la inteligencia artificial y, en última instancia, dos estrategias militares y geopolíticas. Una receta para un conflicto mucho menos predecible que la guerra fría”, concluyó Guterres en su discurso inaugural de la 76ª Asamblea General.
Más optimista, o al menos confiado, que el portugués, la melodía dominante del discurso de Biden fue el canto al multilateralismo como solución para evitar esos insondables peligros. “EE UU recurrirá a instituciones multilaterales para gestionar desafíos como los de la región del Indopacífico [en alusión al pacto de seguridad estratégica contra China], y no usará la fuerza salvo como último recurso”, dijo al arrancar su discurso.
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Asimismo, sólo emprenderá acciones militares en el exterior que sean “claras y viables”, una alusión a la guerra perdida de Afganistán tras 20 años de intervención y fuertes inversiones. EE UU no es hoy el mismo país que en 2001, abundó, cuando los atentados de Al Qaeda provocaron la intervención en el paìs centroasiático, y está “mucho mejor preparado” para responder a la “amenaza terrorista global”. “El terrorismo es real y golpea en todas partes”, incidió, a la vez que con candidez pedía a los talibanes que respeten los derechos humanos y defiendan los derechos de las niñas y mujeres afganas, en pro de su “contribución a la sociedad en todos los niveles”.
Además de prometer 10.000 millones de dólares para luchar contra el hambre “en EE UU y en el mundo”, la población mundial necesita nuevos mecanismos para garantizar y financiar la seguridad sanitaria global, dijo el demócrata en alusión a la pandemia, por lo que Washington anunciará nuevos compromisos para avanzar en la lucha contra la covid.
También trabajará con el Congreso para duplicar la ayuda destinada a los países menos desarrollados para ayudarles a combatir el cambio climático. “EE UU liderará esta respuesta [a la covid-19 y el cambio climático], pero no lo va a hacer solo”, afirmó. Al amparo de la semana grande de la ONU se desarrolla un foro paralelo, a instancias del primer ministro británico, Boris Johnson, para preparar la próxima COP26 de Glasgow. Para la Administración de Biden, el desafío del cambio climático es un eje fundamental de su agenda doméstica.
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El único anuncio concreto de su discurso fue precisamente sobre la financiación de la lucha global contra el cambio climático –un “motivo de orgullo”, lo definió Biden–, que implica multiplicar por dos la cantidad ofrecida en abril (unos 5.600 millones de dólares al año), un monto insuficiente según las organizaciones ecologistas. Con la promesa de Biden de este martes, EE UU destinaría en adelante hasta 11.200 millones de dólares al año a la causa ambiental.
Con respecto a Irán, Biden reiteró el compromiso de su Administración de impedir al régimen de los ayatolás dotarse del arma nuclear, mientras dejaba clara su intención de “volver al acuerdo nuclear internacional con Teherán”, si el paìs “hace lo mismo”. También expresó su decidido empeño, mediante “una diplomacia seria y sostenible”, de avanzar en la desnuclearización de la península de Corea.
En lo que sin duda fue un jarro de agua fría para una de las partes –la más débil–, Biden insistió en que la “solución de dos Estados” al conflicto entre israelíes y palestinos es “la mejor opción” para asegurar la paz y la estabilidad en la zona, aunque reconoció que aún está “muy lejos”. “Estamos muy lejos de ese objetivo en este momento, pero nunca debemos permitirnos abandonar la posibilidad de que haya progresos”, concluyó.
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