La reciente renovación de tres espacios en el Instituto Nacional Electoral (INE) en México ha estado marcada por un claro aviso de su saliente consejera, Dania Paola Ravel. A pocas horas de dejar su cargo, enfatiza que el verdadero reto no son solo los nombres de quienes asumirán funciones, sino el método mediante el cual se eligen. Ravel advierte que, si las decisiones se vuelven a resolver a través de sorteos, como ocurrió en la última ocasión, se enviará un mensaje alarmante de “retroceso” en la credibilidad y la fortaleza del INE.
Durante una entrevista, Ravel describe un instituto debilitado, con un entorno de trabajo que se ha tornado más complicado. Destaca que las decisiones recientes han suscitado controversias y denuncias, lo que subraya un deterioro en la colegialidad y un clamor por estrategias más consensuadas. Entre los temores que expresa, se incluye el impacto que una falta de acuerdos podría tener, especialmente en el contexto de inflexiones políticas y sociales, desde la pandemia hasta la reciente elección judicial que califica de “improvisada”.
Refiriéndose a su tiempo en el INE, Ravel recuerda cómo la primera etapa de su gestión se caracterizó por una institución sólida, pero cerrada a nuevas propuestas. Sin embargo, un cambio parcial en el consejo permitió mayor apertura y un enfoque más colaborativo. Aun así, no todo ha sido un camino fácil. La pasada pandemia obligó a suspender elecciones locales, un hecho sin precedentes que demuestra la adaptación del organismo frente a desafíos inesperados.
La salida de Ravel deja tras de sí un INE con menor fortaleza técnica. Explica que la falta de consenso en las designaciones ha generado decisiones unilaterales que erosionan la colegialidad. Además, las reformas recientes han favorecido una concentración de poder en la presidencia del INE y en la Junta General Ejecutiva, debilitando al Consejo General como el órgano supremo de deliberación.
Sobre las decisiones más impopulares durante su mandato, Ravel menciona que la reestructuración de la representación en la elección de 2024 generó controversia, así como las irregularidades que se presentaron en la elección judicial. En este sentido, reconoce que el INE ha enfrentado momentos críticos en los que su autonomía se ha puesto a prueba, especialmente en respuestas a denuncias penales por decisiones no populares.
La credibilidad del INE, aunque todavía alta según encuestas recientes, se encuentra amenazada. Ravel subraya que, para preservar la confianza, es crucial que se mantenga la participación ciudadana en todas las etapas del proceso electoral. Mientras se aproxima el reto de las elecciones de 2027, que incluirán tanto las elecciones ordinarias como las judiciales, Ravel destaca que esta concurrencia podría elevar los costos y la complejidad del proceso electoral, añadiendo más presión a la institución.
Finalmente, señala que el INE necesita ser incómodo para el poder, defendiendo la autonomía en un contexto donde ha enfrentado constantes embates políticos. Su mensaje a las futuras generaciones de consejeros es claro: que se mantengan firmes en la defensa de la autonomía, fomenten el profesionalismo y fortalezcan la colaboración collegial.
Los retos son significativos. La amenazas a la autonomía del INE, la falta de recursos y un entorno político hostil marcan un camino incierto hacia el futuro. Ante esto, la capacidad de adaptación y la búsqueda de consensos se presentan como fundamentales para preservar las bases democráticas del país. La historia reciente del INE sugiere que los cimientos democráticos requieren ser cuidadosamente gestionados, especialmente en tiempos de cambio y controversia.
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