La violencia en el noviazgo adolescente es un tema de creciente preocupación que afecta a una gran parte de la población juvenil en todo el mundo. Reconocer los signos de este tipo de violencia es crucial para abordar un problema que puede tener repercusiones a largo plazo en la vida emocional y física de los jóvenes.
Existen diversas fases que pueden ayudar a identificar la violencia en las relaciones de pareja entre los adolescentes. La primera de ellas es la relación de idealización, donde uno de los miembros presenta un entorno de “amor perfecto”. En esta fase, el control puede parecer una muestra de afecto, lo que puede llevar a la víctima a confundir celos con amor. Este fácil acceso a la idealización puede crear un lazo emocional fuerte, dificultando que la persona se dé cuenta de que está entrando en una dinámica desigual.
La siguiente fase es la de la tensión, en la que comienzan a manifestarse comportamientos dañinos. En esta etapa, surgen problemas de comunicación, desacuerdos más frecuentes y, en ocasiones, la llegada del agresor a la violencia emocional o física. Este tiempo puede ser muy confuso, ya que las víctimas a menudo buscan justificar el comportamiento del agresor pensándolo como parte normal de una relación.
Finalmente, la fase de explosión se caracteriza por la desbordante manifestación de violencia. Aquí es donde los efectos del conflicto y la tensión previas llegan a su punto más álgido. Las víctimas pueden experimentar situaciones de abuso que no solo son emocionalmente devastadoras, sino que también pueden llevar a consecuencias físicas graves. Tras esta fase, es común que se produzca un “período de luna de miel”, donde el agresor se muestra arrepentido, promete cambiar y regresa a la idealización, comenzando nuevamente el ciclo de abuso.
Es conveniente mencionar que la violencia en el noviazgo no se limita únicamente a agresiones físicas. Incluye también violencia psicológica, emocional, sexual y digital, cuestiones que son cada vez más prevalentes en la era de las redes sociales y la comunicación virtual. Los jóvenes deben estar atentos a comportamientos como el control excesivo sobre sus actividades o redes sociales, comentarios despectivos, o la manipulación emocional que puede llevar incluso a la victimización a través de plataformas digitales.
La educación y la prevención son esenciales. Promover el respeto y la igualdad en las relaciones es fundamental para que los adolescentes puedan reconocer relaciones saludables. Instituciones educativas, organizaciones y familias juegan un papel clave en la detección de estos ciclos de violencia y en la creación de espacios seguros para que los jóvenes hablen de sus experiencias.
Es urgente sensibilizar a los adolescentes sobre cómo delimitar relaciones sanas y aportar herramientas para que puedan identificar la violencia en el noviazgo. La comunicación abierta y el acceso a apoyo son elementos cruciales para erradicar este fenómeno y permitir que los jóvenes se desarrollen en relaciones sanas y constructivas.
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