Megan Greene, integrante del Comité de Política Monetaria (MPC) del Banco de Inglaterra (BoE), sorprendió a muchos con su decisión de votar en contra del aumento de las tasas de interés en su reciente reunión. Durante un debate con el banco de inversión Jefferies, Greene enfatizó que no se sintió impulsada a elevar los costos de financiamiento, a pesar del contexto económico turbulento que rodea el conflicto en Medio Oriente, especialmente la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán.
La semana pasada, el MPC tomó una decisión unánime para mantener las tasas de interés sin cambios, reafirmando su compromiso de actuar para mantener la inflación en su objetivo del 2.0%. Sin embargo, la economía británica está sintiendo cada vez más las repercusiones del conflicto, elevando las inquietudes sobre la inflación. Greene, reconocida como una de las miembros más halcones del comité, advirtió que el riesgo de una inflación persistente ha aumentado “quizás de forma significativa”, destacando que los hogares británicos podrían ser particularmente vulnerables a las perturbaciones inflacionarias.
Un reciente informe de Citi reveló un incremento notable en las expectativas de inflación entre la población británica, que pasaron del 3.3% en febrero al 5.4% en marzo, marcando la mayor alza en más de dos décadas. Greene reconoció que este aumento incrementa los riesgos para la estabilidad de precios a la que aspira el BoE, aunque subrayó que esto no garantizaba efectos de segunda ronda en la economía.
Además, la encuesta a directores de compras publicada recientemente indicó un aumento de los costos para los fabricantes. Greene mencionó que aunque esto no garantiza en sí mismo una mayor inflación, constituye un indicio de un riesgo acrecentado. El panorama del mercado laboral, aunque más débil que durante la invasión de Ucrania por Rusia, podría responder rápidamente ante demandas salariales y aumentos en los precios debido a la crisis energética, lo que genera preocupación en la miembro del MPC.
La influencia del conflicto en la inflación se está sintiendo, y Greene anticipa que los precios de la energía es poco probable que regresen a los niveles previos a la guerra, dado el daño a las infraestructuras energéticas en el Golfo. La inflación, que se mantuvo en un 3.0% anual en febrero, tiene perspectivas inciertas, con un probable aumento debido a los recientes acontecimientos en Irán.
A medida que los inversionistas ajustan sus expectativas, ahora prevén al menos dos aumentos de tasa por parte del BoE para finales de julio, un notable cambio en relación con las proyecciones de recortes que existían antes del conflicto. La incertidumbre palpable en el clima económico británico plantea interrogantes sobre el camino a seguir, especialmente en un contexto donde el BoE había anticipado que la inflación descendería a su objetivo de 2.0% en abril, antes de elevar su pronóstico a un 3.5% para mediados de año.
La atención sigue centrada en cómo evolucionará la economía en medio de estos desafíos y cómo las decisiones del BoE afectarán a los hogares y empresas británicas en este entorno volátil.
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