El presidente Trump ha sido un catalizador inesperado en la relación entre Canadá y México, destacando la necesidad de una colaboración más estrecha entre las dos naciones. En este contexto, Goldy Hyder, presidente del Consejo de Negocios de Canadá, señala que la creciente interacción empresarial entre ambos países no solo es deseable, sino necesaria. “Hemos hecho mucho, pero el potencial para hacer más es enorme”, enfatiza Hyder, reconociendo el interés palpable de las empresas canadienses hacia el mercado mexicano, un socio clave dentro del T-MEC y el CPTPP.
La diversificación económica se ha vuelto un imperativo para ambas naciones; y en el vecindario de América del Norte, México se configura como un socio estratégico. Hyder subraya que México, siendo una de las doce economías más grandes del mundo, representa una oportunidad inmediata y accesible, sin la necesidad de atravesar océanos. Esta cercanía se traduce en ventajas competitivas, especialmente en sectores como minería, energía, infraestructura y automotriz, donde las empresas canadienses están forjando un camino sólido.
La experiencia de Hyder es admirable; llegó a Canadá a los siete años y ahora lidera una organización que representa a 170 de las empresas más influyentes de su país. Durante su reciente visita a México, que incluye una delegación de cerca de 400 personas, ha mantenido cientos de reuniones en busca de alianzas estratégicas. “Hace dos años, habría creído que un encuentro así era impensable”, afirma, reflejando el cambio en el panorama de negocios.
A pesar de estas oportunidades, existe una percepción entre algunos empresarios canadienses de que México puede ser un lugar complicado para operar, principalmente debido a problemas de inseguridad. Sin embargo, Hyder argumenta que las empresas canadienses que ya están establecidas en México han disfrutado de condiciones favorables, lo que es un testimonio de la complejidad y el potencial del entorno de negocios mexicano.
La búsqueda de certidumbre en los entornos comerciales se presenta como un desafío importante. “Todos los países tienen riesgos, y el capital se mueve hacia donde encuentra más predictibilidad”, explica Hyder. Para él, es crucial que las regulaciones no se conviertan en una barrera que reduzca la competitividad. Los empresarios buscan un clima favorable donde las reglas sean claras y estables, independientemente del cambio de gobierno.
En cuanto al futuro del T-MEC, Hyder se muestra optimista, resaltando que el acuerdo ha creado una base sólida para los negocios en la región. Sin embargo, aborda los riesgos que podrían surgir debido al proteccionismo, una tendencia que tanto republicanos como demócratas han impulsado. “Desmantelar el T-MEC tendría un impacto devastador en la competitividad de nuestros países”, concluye.
Con un camino lleno de oportunidades pero también retos, la relación entre Canadá y México parece estar en una trayectoria ascendente que, si bien está marcada por la incertidumbre global, ofrece un amplio horizonte de cooperación y crecimiento que podría beneficiar a ambas naciones en los años venideros.
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