En la Isla de Margarita, una tradición profundamente arraigada se transmite de generación en generación. Ana Carmen, quien heredó la importantísima responsabilidad de ser la camarera de la Santísima Virgen del Valle, refleja un amor y respeto incuestionable hacia esta herencia. Esta tradición no solo se manifiesta en el lenguaje que emplea, sino también en los detalles que adornan su papel, donde el vestido no es una mera cuestión de vanidad, sino un vehículo que conecta con la identidad caribeña de la isla.
Los colores de los atuendos que se utilizan para honrar a la Virgen son un ejemplo palpable de esta herencia viva. En lugar de blanco, los habitantes optan por tonos pasteles, respetando una serie de pautas que todos conocen y siguen. Esta práctica, que parece arbitraria a quienes no están familiarizados, es en realidad un pilar que sostiene la rica tradición de la isla.
Asimismo, los milagros son un componente esencial de esta devoción centenaria. Uno de los relatos más entrañables de la historia margaritense es el milagro de la perla. Se cuenta que un pescador llamado Domingo, al borde de la desesperación tras una grave lesión, prometió a la Virgen ofrecerle la primera perla que encontrara si lograba sanar. Para su asombro, su promesa fue cumplida cuando halló en el fondo del mar una ostra que contenía una perla con la forma única de una pierna. Este emblemático testimonio de fe y devoción se exhibe hoy en el Museo Diocesano de la Virgen del Valle, junto a la Basílica.
La comunidad también recuerda a Ramón Muñóz Hipólito, un ‘margariteño no nacido en Margarita’, cuya vida fue transformada gracias a su fe en la Virgen. En un momento crítico de salud, pidió una señal en la Basílica, y el resplandor del sol iluminó el nicho de la Virgen, confirmando su petición. Desde entonces, Hipólito no solo ha dedicado su vida a diseñar las alcancías que recolectan limosnas durante la misa del Día de la Virgen, sino que también compone versos que celebra su devoción. Su emoción resuena en cada palabra cuando declama: “Salve Virgen del Valle, Valle del Espíritu Santo. Bendice y siempre protege a tu pueblo que te quiere tanto.”
Estas historias, llenas de fervor y arraigo, son un testimonio de cómo la cultura, la religión y la identidad se entrelazan en la vida de los isleños, preservando un legado que, a pesar del tiempo, sigue vibrando con fuerza en el corazón de la comunidad.
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