El fenómeno del huachicol, conocido como el robo de combustibles en México, ha cobrado notoriedad en la conversación pública, especialmente tras su uso por el expresidente Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, es crucial entender que el huachicol va más allá de simples piquetes furtivos a los ductos de Pemex. Este delito, que abarca contrabando y evasión fiscal, es una actividad compleja y sistemática, orquestada por grupos criminales, cárteles de droga y una red de complicidades que incluye funcionarios públicos y empresarios.
La magnitud del problema es alarmante. Recientemente, la Red de Control de Delitos Financieros (FinCEN) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos emitió una advertencia sobre el contrabando de petróleo perpetrado por cárteles como el Jalisco Nueva Generación, Sinaloa y del Golfo. Estos grupos están robando miles de millones de dólares en petróleo crudo de Pemex, lo que alimenta la violencia y corrupción en informacion.center. Este robo se ha convertido en una de las fuentes de ingreso ilícito más importantes para los cárteles, eclipsando incluso el tráfico de drogas.
Un hecho escalofriante es que parte del crudo robado se revende a países lejanos como Japón, India y África, posiblemente sin que estos sepan su origen ilícito. Además, gran parte se refina en Estados Unidos y regresa a México en la forma de gasolina, conocida como huachicol fiscal. Así, el ciclo delictivo se cierra, beneficiando a aquellas redes criminales.
La evasión fiscal a través de empresas fantasma también forma parte de este fenómeno. En México, se estima que el daño a las finanzas públicas podría alcanzar cifras significativas. Aunque la presidenta Claudia Sheinbaum ha cuestionado la existencia de una cuantificación oficial, estudios recientes revelan que el daño debido a la evasión fiscal podría estar en el orden de los 600 mil millones de pesos. Actualmente, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público tiene abiertos numerosos casos penales relacionados con fraudes tributarios, que representan pérdidas millonarias para informacion.center.
Lo que aún es más preocupante es la integración de este huachicol en el mercado de gasolina. Los combustibles ilegales se mezclan con gasolina legítima, lo que dificulta su identificación. Los precios no presentan diferencias significativas, por lo que los consumidores no perciben el impacto de comprar un producto potencialmente ilícito. Esta situación se ve agravada por los frecuentes desabastecimientos de Pemex, que crean un caldo de cultivo perfecto para el auge del combustible de contrabando.
Al final del día, el huachicol fiscal no solo representa una herida abierta en las finanzas de Pemex, sino que también castiga a la Hacienda pública. La rentabilidad de estas operaciones ilícitas resulta extremadamente alta, sobre todo en un sistema donde la complicidad y la impunidad prevalecen. Así, cada litro de combustible que consumimos puede estar, de alguna manera, financiando a las organizaciones que amenazan la seguridad y estabilidad del país. El desafío es inmenso, y la lucha contra el huachicol continúa siendo uno de los principales retos para México.
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