Con una vasta extensión que abarca cientos de kilómetros, los controles antidopaje de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina, programados del 6 al 22 de febrero de 2026, se presentan como un formidable desafío logístico para los organizadores. Con el compromiso claro de proteger la integridad del deporte, el foco se centra en aquellos atletas con mayor riesgo de dopaje.
La Agencia Internacional de Controles (ITA), responsable del programa antidopaje desde 2018, tiene planes ambiciosos para estas olimpiadas: se espera realizar aproximadamente 2,200 controles, lo que equivaldría a la recolección de alrededor de 3,000 muestras de orina, sangre y gotas de sangre seca. Para llevar a cabo esta monumental tarea, un equipo de 150 agentes internacionales, apoyados por 400 acompañantes, se posicionará en 23 estaciones de control dispersas entre las sedes y las villas de los atletas, distribuidas en una vasta área de 22,000 km², antes de que las muestras sean enviadas al laboratorio antidopaje en Roma.
La complejidad de esta operación radica no solo en la logística, sino también en asegurar que cada voluntario encargado de acompañar a un deportista durante el control tenga acceso a todos los espacios necesarios para evitar cualquier tipo de manipulación. La historia ha mostrado que el desvío de controles antidopaje no es algo ajeno a los Juegos Olímpicos, como quedó evidenciado en el escándalo de Sochi 2014, donde un sofisticado sistema de engaño utilizó la intervención de los servicios secretos para alterar muestras en el propio laboratorio analizador. Aunque se han implementado numerosas medidas para prevenir este tipo de fraudes, el director de Ciencia y Medicina de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) reconoce que siempre existe el riesgo de que tales acciones se repitan, dada la sofisticación de los métodos que podrían utilizarse.
Para fortalecer los controles, la ITA ha desarrollado un programa “pre-Juegos” que se activa tres meses antes del evento, lo que permite realizar recomendaciones de control específicas sobre los atletas más vulnerables a ser sancionados. Este enfoque no se basa en azar, sino en la explotación de bases de datos que les permite focalizarse en disciplinas y deportistas considerados de alto riesgo. Por ejemplo, antes de los Juegos de París en 2024, la ITA planeó controlar al 100% de los halterófilos clasificados, especialmente después de que se identificaran 23 casos positivos en el equipo chino en 2021.
La preservación de las muestras también es vital. Estas se conservarán durante diez años, lo que permite reanalizarlas con métodos tecnológicos mejorados. Este enfoque ya ha revelado casos positivos en análisis retrospectivos, incluyendo el estudio de muestras de los Juegos de Londres 2012, que resultaron en la re asignación de 46 medallas.
A medida que el deporte continúa enfrentando desafíos relacionados con el dopaje, la complejidad y la importancia de los controles antidopaje se vuelven cada vez más evidentes. Los Juegos de Milán-Cortina no solo buscan celebrar el talento y la dedicación de los atletas, sino también garantizar un entorno competitivo justo y limpio.
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