La Cancillería mexicana, bajo el mando de Juan Ramón de la Fuente, enfrenta tensiones significativas que trascienden su relación con Estados Unidos. El reciente anuncio de una serie de nombramientos políticos para consulados ha reavivado un clima de descontento en su interior, donde la incertidumbre y el malestar son palpables. Este miércoles, se filtró un nuevo listado que incluye una serie de figuras políticas, generando preocupaciones sobre la dirección que tomará la diplomacia mexicana.
Entre las propuestas destaca Marco Antonio Mena Rodríguez, exgobernador priista de Tlaxcala, quien podría ser asignado a la oficina de San Francisco, un enclave crucial para la comunidad latina y escenario de protestas contra la política migratoria de Donald Trump. La inclusión de figuras del PRI y de Morena en estos cargos no es casualidad; es una estrategia que se ha convertido en un patrón desde el inicio del gobierno de la Cuarta Transformación. Este enfoque busca ofrecer una especie de “retiro” a aquellos que, en el pasado, no obstaculizaron la llegada de Morena al poder en diversas regiones.
Del total de diez propuestas recientes para consulados en Estados Unidos y Canadá, solo cuatro corresponden a personal de carrera. Esto suscita inquietudes sobre si primará la lealtad política sobre la experiencia diplomática. Nombres como Carlos Iriarte Mercado, antiguo alcalde de Huixquilucan, propuesto para dirigir el consulado en Boston, y Marcos Augusto Bucio Mújica, exdiputado federal y candidato para Nueva York, ejemplifican esta tendencia.
Otros nombramientos destacados incluyen a Luis Rodríguez Bucio, primer comandante de la Guardia Nacional, que podría ser asignado al consulado de Dallas, un punto estratégico dada la cercanía con la frontera y la considerable población mexicana en Texas. Asimismo, se menciona a Donají Alba Arroyo y Neftalí Pérez González como posibles nominados para los consulados en Raleigh, Carolina del Norte, y San José, California, respectivamente.
Este enfoque en los nombramientos políticos ha generado un resquemor palpable entre los sectores diplomáticos de la Cancillería. Muchos funcionarios acusan a de la Fuente de priorizar estos nombramientos como un mecanismo de intercambio en las negociaciones del gobierno, en detrimento de aquellos profesionales que han sido formados para servir en el ámbito internacional. Aunque históricamente ha habido una mezcla de nombramientos, la actual administración parece dar un giro hacia una mayor politización en un ámbito que tradicionalmente se ha guiado por la carrera profesional.
Así, la diplomacia mexicana se encuentra en una encrucijada; mientras los nuevos nombramientos están destinados a fortalecer la posición de México en el extranjero, el enfoque en la lealtad política podría poner en riesgo la eficacia y credibilidad de sus misiones diplomáticas. La situación sigue siendo fluida, con el ecos de incertidumbre resonando en los pasillos de la Cancillería.
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