En un evento que cautivó a los amantes de la moda, el Vogue Vintage Market se destacó no solo por su exclusivo acceso anticipado, sino también por la ecléctica oferta de piezas que evocan el glamour de décadas pasadas. Desde antes de su apertura oficial al mediodía, una fila bien vestida se formó en la entrada de Roll & Hill, donde los entusiastas del vintage aguardaban con expectación.
La anfitriona del día, Doja Cat, portada de la edición de abril de la revista, estableció un tono vibrante mientras recorría el espacio junto a sus coanfitriones Emma Chamberlain y Paloma Elsesser. La artista deslumbró con un atuendo inspirado en los diseños de Yves Saint Laurent de los años 80, que combinaba hombros esculpidos y llamativos accesorios, incluidas guantes eléctricos y un fez de paja.
Mientras Doja no se limitaba a ser la anfitriona, también se adentraba en las compras, acumulando una impresionante colección de broches y calzado de renombradas marcas. El ambiente en el Vintage Market se volvió dinámico casi de inmediato, con tres pisos repletos de artículos vintage que se movían rápidamente. Destacaron piezas de la guardarropa de Anna Wintour, y los editores de Vogue se sintieron atraídos por camisas de Charvet, un ejemplo de la moda de calidad y discreta.
Entre los asistentes, también se encontraba Kate Barton, cuyos elegantes bolsos captarían la atención de los compradores, mientras Chamberlain se enfundaba en un look más basado en la estética que en las marcas, eligiendo prendas por su «vibra» única.
Elsesser, con un conjunto de Gucci y piezas de otros diseñadores icónicos, contribuyó a la atmósfera creativa, asegurando que el encanto de su vestuario hablaba por sí mismo. Mientras exploraba, su entusiasmo por un sombrero de Miu Miu llamó la atención, evidenciando que el mercado no solo era un lugar de compra, sino también de inspiración.
La selección del evento se extendió más allá de la moda, con áreas dedicadas a objetos para el hogar que incluían elegantes cuencos de Tiffany & Co. y colorida cristalería de Murano. Cada rincón del espacio ofrecía hallazgos únicos, desde muebles hasta artefactos decorativos, prometiendo algo para todos.
A medida que avanzaba la tarde, el ritmo de la compra no cedía. Las estanterías, que al inicio estaban repletas, pronto fueron reabastecidas con nuevas piezas, manteniendo el frenesí del evento. Lo notable del Vogue Vintage Market era su visión: no solo se trataba de revivir el pasado, sino de hacerlo circular, aportando un sentido de propósito, ya que el 100% de las ganancias beneficiaba a iniciativas como el CFDA/Vogue Fashion Fund y el Centro de Salud Mental Juvenil en NewYork-Presbyterian.
Así, el mercado demostró que la moda no es solo transitoria, sino que alberga historia y significado, todo ello en un entorno vibrante en el que el pasado se entrelaza con la pasión contemporánea por el estilo.
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