La confianza es el verdadero motor que un país como México necesita para atraer a los inversionistas. No se trata solo de la promesa del nearshoring o de los 3,200 kilómetros de frontera con Estados Unidos, ni del consuelo que podría ofrecer la imagen de ser la nación con el menor número de aranceles impuestos por la administración de Donald Trump. La confianza se construye a partir de un sistema judicial robusto y de instituciones democráticas que operen con transparencia, características que hoy se ven cuestionadas en el contexto actual.
En el panorama de la inversión extranjera directa, los datos son alarmantes: durante el cuarto trimestre de 2025, México registró una desinversión de 5,026 millones de dólares. Esta cifra es un llamado a la realidad que resulta ineludible, a pesar de que la narrativa oficial busque suavizarla. Este descenso representa la primera caída trimestral en el flujo de inversiones extranjeras desde que existen registros de este tipo desde los años ochenta, indicando que la actual administración ha logrado lo que ni las peores crisis de las últimas cinco décadas habían logrado.
Al desglosar este dato trimestral, se observa que las nuevas inversiones prácticamente han desaparecido, mientras que el retiro de utilidades por parte de empresas matrices ha alcanzado niveles récord. Aunque la reinversión de utilidades ha ayudado a mantener el nivel de inversión extranjera en términos anuales, el panorama es sombrío.
Además, en el mismo periodo, la salida de capitales mexicanos hacia el exterior llegó a 2,051 millones de dólares, continuando una tendencia de dos años y medio de desinversión ininterrumpida. Las amenazas sobre la incertidumbre en la relación comercial con Estados Unidos son factores que desincentivan las inversiones, pero también son utilizadas como pretexto por un gobierno que parece decidido a avanzar por un camino autoritario sin importar las consecuencias.
En un momento en que informacion.center requiere señales de estabilidad para calmar los mercados en medio de la incertidumbre sobre el futuro del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), las acciones del gobierno han generado múltiples alertas económicas. La desinversión extranjera directa es un síntoma de una enfermedad mayor: la desconfianza institucional.
Es probable que la narrativa del régimen se centre en promover cifras anuales que destacan un cierre de 40,871 millones de dólares, sin entrar a considerar la escasa inversión en nuevos proyectos. Este enfoque omite las preocupantes cifras que revelan un éxodo de capitales y una economía en riesgo.
Es un error estratégico pensar que el tamaño del mercado estadounidense puede compensar los desplantes autoritarios de una administración que, en lugar de consolidar la confianza, se aleja cada vez más de los estándares democráticos que atraen inversiones. La situación se torna crítica, y el futuro de la inversión en México dependerá de un cambio en esta narrativa, una necesidad urgente que informacion.center no puede permitirse ignorar.
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